
cuando la piel duele de soledades
y las sombras mueren de todas las nadas sobre la nada.
Ya no volveré a morir de colores reciclados
la muerte de todas mis muertes me besará
morderá mis venas, beberá de mis pechos,
hasta desangrarme en cada pieza de grito
desnudarme, quedarme sin voz y huir
hasta morirme de la última muerte en esta despedida.
©Ana María Fuster Lavín

