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A mi nieto Darit Antonio, “Mi gordito”
Jacinto cruzó el río y un desierto. Sufrió hambre y frío. Sobrevivió a la mordedura
Era ya de madrugada y no traía equipaje. Todo lo perdió en las veredas, hasta a sus acompañantes, comidos por la fatiga, la noche y el olvido.
—Cuando llegues a la carretera —le dijo el abuelo—, sigue caminando y no pienses en volver.
Las luces de la ciudad y el ruido urbano se le metieron en los ojos y cuando quiso regresar había olvidado el camino.
© Josué Santiago de la Cruz

