No hay mirada más desvalida
que aquella que no se halla a sí misma
ante un puente perdido
cuando la pasión germina
sus capullos y sus fuentes
La memoria recobra entonces
miles de peces en sus redes
Desde el lastre que arrastramos todos
por la calzada de la ida
El azote que nos sorprende vulnerables
y a descampado
como una lluvia repentina
Ese brazo roto que ocultamos todos
Pero sobre todo
a la que bajó conmigo
al sótano de mis flaquezas
como lo hacen dos que lloran juntos
abrazados en la lluvia
Ésa que está con uno siempre
y de cualquier manera
pues de aquí a allá sólo existe
el puente desvelado de tus brazos
Ocurre que yo solo hallo paz y serenidad
entre el laberinto inmenso de tu abrazo.
Yo prefiero el fuego
por el agua que viene contigo
Yo prefiero el fuego
por el agua que me das.
©Marcos Reyes Dávila
El autor es miembro de la facultad de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Es editor de la Revista Exégesis y mantiene el blog Las letras de fuego.
