No hay mirada más desvalida
que aquella que no se halla a sí misma
ante un puente perdido
cuando la pasión germina
sus capullos y sus fuentes
La memoria recobra entonces
miles de peces en sus redes
Desde el lastre que arrastramos todos
por la calzada de la ida
El azote que nos sorprende vulnerables
y a descampado
como una lluvia repentina
Ese brazo roto que ocultamos todos
Pero sobre todo
a la que bajó conmigo
al sótano de mis flaquezas
como lo hacen dos que lloran juntos
abrazados en la lluvia
Ésa que está con uno siempre
y de cualquier manera
pues de aquí a allá sólo existe
el puente desvelado de tus brazos
Ocurre que yo solo hallo paz y serenidad
entre el laberinto inmenso de tu abrazo.
Yo prefiero el fuego
por el agua que viene contigo
Yo prefiero el fuego
por el agua que me das.
©Marcos Reyes Dávila

El autor es miembro de la facultad de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Es editor de la Revista Exégesis y mantiene el blog Las letras de fuego.
Inobjetable poema, con metáforas preciosas, opino como Marinín, me recuerda el amor de madre, quizás el único amor del que gozamos plenamente, al menos aquellos que la tuvimos.
Y es cierto, que todos arrastramos un lastre y escondemos el brazo roto, como bien dices. ¿Por qué si somos vulnerables hay que empeñarse con ser “héroe”? Si en algún lugar todavía conservamos la locura de ser dioses…
Aplausos con estrambote!
Gloria
Un amor perdido que nos trae memorias, que nos conoce tan bien hasta nuestros defectos, que es balsamo en la tristeza y momentos dificiles, lafrase de “el puente desvelado de tus brazos” y “la mirada desvalida que no se haya a si misma ante el puente perdido” me sugiere que es el llanto ante la perdida del unico amor incondicional: el de una madre. Si no es eso, de todas maneras es hermoso!