Soy como un lienzo en blanco donde tú pintaras el azul o rosa según mi sexo y condicionaras mi vida sin saber el color que llevo dentro. Vengo sin nombre y vacío, a llenarme del vino que hay en tu bodega de sueños añejos. Déjame ser quien dibuje mi vida, déjame seleccionar los accesorios de mi rutina. Me siento flor, me siento luz, me siento fuerza que mueve el eje de un mundo en cambio constante y a pasos gigantes. Me siento voz con eco en cuevas donde otros esconden sus miedos.
Enséñame la honestidad, a elegir el compás de la música nunca en el destierro, sino luchar de frente y libre bajo tu cielo. Ámame hasta en la decepción y recuerda al final de mi existencia que fui yo quien eligió ser pintura nudista en la iglesia del pueblo.
© Marinín Torregrosa Sánchez
24 Febrero 2010

