Estaba Agapito en la fila del banco. Con la lentitud habitual, la pesada multitud daba tres vueltas.
Como si no fuera suficiente martirio la larga espera, también habia un plasma sintonizado en las noticias de la mañana.
Que si la redada en el caserío…
-¡Nooo…, va ser en el High Society Country Club!
Que si arresto del Baladrón de Barrio por sospecha de asesinato…
-¡Noooo…, va a ser Cachita Rico que se defendió con cuchillo de plata!
Que si las hijas acusan al padre de violación y amenaza…
-¡Nooo…, va a ser las siervas al pastor y al cura!
Así pensaba Agapito mientras en el plasma una a una las injusticias se medían con doble vara.
Llegó su turno y de la sorpresa quedo mudo, le habían aumentado la prima del Seguro del Fondo del Estado.
-¡Maldito sea el árbol que dio la madera para el establo donde te criaron! ¡So yegua!
Nueva ley para registro de mascotas y animales…
Para protegerlos del maltrato y sufrimiento…
El gerente quiso calmarlo, pero Agapito se desplomó: ¡Era jugador de gallos!
-¡Ahora sí que nos salvamos! Si es crueldad, ¡que cierre a Pollo Bello y Alegre Cantar! ¿O me va a decir a mí que procesar una gallina es menos cruel porque se la va a comer?
-¡Si ya estoy pagando la licencia de los que tengo en el capitolio!
©Marinín Torregrosa Sánchez
