Estaba Agapito en la fila del banco. Con la lentitud habitual, la pesada multitud daba tres vueltas.
Como si no fuera suficiente martirio la larga espera, también habia un plasma sintonizado en las noticias de la mañana.
Que si la redada en el caserío…
-¡Nooo…, va ser en el High Society Country Club!
Que si arresto del Baladrón de Barrio por sospecha de asesinato…
-¡Noooo…, va a ser Cachita Rico que se defendió con cuchillo de plata!
Que si las hijas acusan al padre de violación y amenaza…
-¡Nooo…, va a ser las siervas al pastor y al cura!
Así pensaba Agapito mientras en el plasma una a una las injusticias se medían con doble vara.
Llegó su turno y de la sorpresa quedo mudo, le habían aumentado la prima del Seguro del Fondo del Estado.
-¡Maldito sea el árbol que dio la madera para el establo donde te criaron! ¡So yegua!
Nueva ley para registro de mascotas y animales…
Para protegerlos del maltrato y sufrimiento…
El gerente quiso calmarlo, pero Agapito se desplomó: ¡Era jugador de gallos!
-¡Ahora sí que nos salvamos! Si es crueldad, ¡que cierre a Pollo Bello y Alegre Cantar! ¿O me va a decir a mí que procesar una gallina es menos cruel porque se la va a comer?
Agapito, jugador, gallero de pura cepa, contribuyente leal de ingresos y propiedad.
-¡Si ya estoy pagando la licencia de los que tengo en el capitolio!
©Marinín Torregrosa Sánchez
Dios mío esto no es sólo del Capitolio. Esto es en todas partes. Nos hemos vuelto lobos, con perdón de los mismos.
Aplausos por el relato. De la conducta de los que viven contaminando el planeta ya no tengo adjetivos.
Gloria
Gracias por sus comentarios. Desde que hice este cuento, que fue hace par de dias, hasta hoy siguen ocurriendo cosas que es para dejar a uno sin aliento. La doble vara para medir la injusticia, justificar lo que no tiene justificación ninguna…Me siento avergonzada de las palabras de la srta. Jenniffer González, como mujer me siento indignada. ¡Cómo me va a decir a MI, que en el bendito video del sr. Navarro no se observa una conducta inapropiada! ¡Carajo!!! Esto es un insulto no sólo a la dignidad de la mujer sino a la inteligencia del pueblo. Bueno que se puede esperar, seguramente la señorita González nunca ha pasado por esa situación. ¡Que pena!
Parese ser, salvo raras excepciones, que los representantes y senadores toman un curso de corrupción y de joder al pueblo antes de sentarse en las bancas.
Muy bien Marinin.
Generosa eres, Marinín Torregrosa, con los “…que tengo en el capitolio….”
Son todos, sin excepción, unos hijos de madres que no saben quiénes son los padres de sus hijos… Algunos no llegaron así al capitolio (si capitolio con letra minúscula); se volvieron de esa manera al tiempo, cuando vieron que fácil es “seguir la corriente”…