Prefiero que esgrimas la espada hiriente a la puñalada traidora de la lengua a mi espalda. Tómala de frente, con la espada. No sientas lástima que en el cielo hay un jardín de flores luminosas y ninguna por amor se muere.
Yo soy la dama, la que esgrime la palabra, la amante, la amiga, la que aguarda en el mar tu mirada y en el verde prado galopa en su corcel pasiones, la que el viento trae a tu espacio y provoca en ti sueños mojados. Soy tuya, como me llamas MIA, la que sabe dignamente rendirse y retirarse.
Marinín Torregrosa Sánchez

