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—Que el Señor lo bendiga —dijo la anciana al momento que le entregaba un tratado.
En medio de la desigual lucha, buscó solaz en la lectura del mensaje en el papel.
La portada mostraba a Jesús sosteniendo una copa y más abajo la frase: “Sigan haciendo esto en memoria de mi”.
Sintió que se rompían las cadenas. Cruzó la calle. Entró a Cheko’s Bar y al verlo, todos dijeron:
“¡Amén!”
© Josué Santiago de la Cruz

