“La corrupción es parte de nuestro metabolismo social”
Esa es precisamente la postura, “Comfort Zone”, que ha adoptado el pueblo puertorriqueño desde que aprendió a vivir en el embuste. Tanto es así que ahora, cuando ya no es posible sostener como verdad lo que nunca dejó de ser una mentira, asumimos, con menguadas y meritorias excepciones, una posición cínica al engaño.
A los timadores, a los politiqueros, a los evangelistos les conviene que se le deje hacer por la libre (“A mi plín y a la madama dulce coco”, “Que se joda”, etc.)
Nos hemos acostumbrado al desorden, al bandolerismo, y para no comprometernos, so pena de vivir una vida larga y sin estrés, hemos encontrado la manera de legitimarlo: “Eso no hay quien lo acabe”.
Ya nada nos indigna. Nada nos mueve a levantar nuestra voz para protestar y cuando lo hacemos nos tildan de inadaptados, extremistas y locos…
“Dónde se ha escondido el Hombre? Nos ahogamos. Nos mutilan desde la infancia. Sólo hay monstruos…” Paul Nizan
Lejos de ser una virtud, una manera decorosa de encararnos al mundo y sus problemas, esa actitud es la manifestación de ese cinismo colectivo que ni enriquece nuestra humanidad ni nos ennoblece.
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