No sé qué extraña sensación concibo
Al rasgar en ti, patria, mi añoranza.
No sé si estoy en tu dolor cautivo
O vibra mi alma en pos de tu esperanza.
No sé si en los azotes de mi vida,
Que lanzo al viento en emoción extraña,
Sabré teñir de luz mi ansiada lira
Y retratar en versos tus montañas.
O si beber el cáliz de ambrosía
Que destilan tus hembras o tus cañas
O enmarcarte en la voz de mi poesía
Para adorarte como a Vesta extraña.
No sé si en los efluvios de los trinos,
En que canta el zorzal en sus mañanas,
Podré surcar en pos de esos caminos
Y fundirme en verdor de tus sabanas.
O si beber el mañanal rocío,
Que en ósculos de gotas va hilvanando
La sierpe blanca y pura de tu río
Cuando tus verdes valles va besando.
O si el sol que tibia tus palmeras
Que se enroscó en los cocos de tus palmas
O de la hembra en que volqué primera
Mis tres capullos de infantiles almas.
No sé si allá, en la playa de Salinas,
Me embrujé con tus aguas cocoteras
Cuando mi musa se bañó en ondinas
Y se abrigó en el tul de tus laderas.
O si allá, en Guamaní… en la sabana,
Cuando comí la flor de tu caimito
Y me embrujé en la pulpa de tus panas
Porque soy de Guayama, un jibarito.
No sé si fue el sabor de tu yautía,
Tu ñame blanco o tu dulce tamarindo,
Que un día dejé dormida el alma mía
Y que hoy en versos hasta tu tierra rindo.
¡Sácale, patria, al verso que te envío
La tibia pulpa de mi amor fecundo!
El es tan hondo y puro, cual tu río.
Como tu mar azul… vasto y profundo.
© Dionisio Morales
El autor fue un maestro nacido en Guayama y residente de la Comunidad Sabana Llana del barrio Lapa de Salinas. Además de maestro, fue escritor, poeta, pintor y artesano.
