No sé qué extraña sensación concibo
Al rasgar en ti, patria, mi añoranza.
No sé si estoy en tu dolor cautivo
O vibra mi alma en pos de tu esperanza.
No sé si en los azotes de mi vida,
Que lanzo al viento en emoción extraña,
Sabré teñir de luz mi ansiada lira
Y retratar en versos tus montañas.
O si beber el cáliz de ambrosía
Que destilan tus hembras o tus cañas
O enmarcarte en la voz de mi poesía
Para adorarte como a Vesta extraña.
No sé si en los efluvios de los trinos,
En que canta el zorzal en sus mañanas,
Podré surcar en pos de esos caminos
Y fundirme en verdor de tus sabanas.
O si beber el mañanal rocío,
Que en ósculos de gotas va hilvanando
La sierpe blanca y pura de tu río
Cuando tus verdes valles va besando.
O si el sol que tibia tus palmeras
Que se enroscó en los cocos de tus palmas
O de la hembra en que volqué primera
Mis tres capullos de infantiles almas.
No sé si allá, en la playa de Salinas,
Me embrujé con tus aguas cocoteras
Cuando mi musa se bañó en ondinas
Y se abrigó en el tul de tus laderas.
O si allá, en Guamaní… en la sabana,
Cuando comí la flor de tu caimito
Y me embrujé en la pulpa de tus panas
Porque soy de Guayama, un jibarito.
No sé si fue el sabor de tu yautía,
Tu ñame blanco o tu dulce tamarindo,
Que un día dejé dormida el alma mía
Y que hoy en versos hasta tu tierra rindo.
¡Sácale, patria, al verso que te envío
La tibia pulpa de mi amor fecundo!
El es tan hondo y puro, cual tu río.
Como tu mar azul… vasto y profundo.
© Dionisio Morales
El autor fue un maestro nacido en Guayama y residente de la Comunidad Sabana Llana del barrio Lapa de Salinas. Además de maestro, fue escritor, poeta, pintor y artesano.
Poco se puede añadir a lo expresado por Gloria y Josué sobre estos hermosos versos de Dionisio. Dionisio fue un maestro al que pocos colegas comprendían, quizás porque estaba inmerso en quehaceres de poco interés para ellos o porque sus querencias políticas retaban lo establecido. Por eso, a pesar de llevarnos un buen trecho en el camino existencial, se junto con un grupo de jóvenes de los años 60 y 70 que a la sazón pujaba por expresarse en medio de un carpeteo policial, pero con el cual tenía muchos puntos de encuentro. Josué, Danilo, otros y yo éramos de parte de aquella juventud acusada de rebeldía sin causa. Por eso, ver el cándido entusiasmo con que Dionisio disfrutaba sus creaciones contagiaba, cosa que a la distancia valorizamos como una lección magistral para vivir desde la felicidad, pero sin enajenamientos.
Gracias maestra Gloria, por comentar desde la Patria Suraramericana, desde la amada Argentina, este poema, cuya difusión, desde hace tiempo le debiamos a Míster Morales.
Preciosos versos, llenos de ternura y nostalgia! Pocas veces se logra transmitir tanto sentimiento y se resume una vida entera mezclada con el ámbito geográfico, que indudablemente nos marca en el orillo para siempre.
Yo soy del Sur, soy de Argentina, no conozco el Caribe, tengo sangre española, pero estas estrofas llenas de sol, palmeras, cocoteros, aguas y luz han hecho que me imagine el Paraíso y alabe a Dios por haber repartido sus talentos por toda el planeta.
Me entero leyendo los comentarios, de que esta persona , el autor, fue un gran ser humano. Su poesía lo honra y es emocionante pensar que aún no estando físicamente sus pensamientos y vivencias nos conmueven hasta el corazón.
Gracias Sergio, fue un gusto leer este poema!
Dionisio Morales, lo repito de nuevo, ha sido una de las personas más brillantes que he tenido la suerte de haber conocido. Encarnó al hombre renacentista en todos los sentidos: poeta lírico/romántico al estilo de José Gautier Benítez, en Puerto Rico, y Bécquer en España. Su prosa era educada, fina e incisiva. Cultivó todas las Artes Plásticas y lo hizo con originalidad y estilo. Profundo pensador y gran conocedor de nuestra fauna y flora. Fue profesor de Ciencias Naturales. Maestro de escuela pública. Pero además fue un gran puertorriqueño. Un Salinense que, sin haber nacido en nuestro suelo, amó lo nuestro como el que más. Un buen hombre y un gran amigo. Se puede decir más de Deonisio, mucho más y con todo lo que digamos nuestras palabras no alcanzarán a explicarlo en toda su complejidad de hombre pleno.
Este poema de gran lirismo y patriotismo inconmensurable puede ser lo único que quede en pie de su vasta producción literaria. Me lo entregó un domingo hace tanto tiempo que he perdido la cuenta y recuerdo que cuando se lo publicamos en la Revista ABEYNO, hace 40 años, parecía un chiquillo con un juguete nuevo.
Su sueño de siempre fue ver sus escritos desplegados en las páginas de un libro y ahora, de manera póstuma, porque el momento es ahora, hemos de hacerle ese sueño realidad. Pero ese mismo sueño lo soñó Toñito, mi hermano José Alberto, Gloria Dones, Félix Ortiz Vizcarrondo y todos aquellos que alguna vez abrigaron el mismo sueño que recién ahora, como me dijo Félix, visiblemente emocionado, está al alcance de la mano, SI DIOS LO PERMITE.
Gracias Sergio por honrar la memoria de un gran ser humano.
Josué