Un 31 de Octubre los niños del malecón se disfrazaron con atuendos diferentes hechos por ellos mismos. Siendo muy pobres, disfrazarse la noche de Haloween era una manera de conseguir algunas golosinas sin costo alguno.
Ralín se pintó la cara y las manos con carbón de la hoguera de Bache, se acomodó una almohada en su espalda y aseguró ser el jorobado de” Notre Dame”. Josué se pintó con achiote el cuerpo entero; cortó un saco de papas en dos tajadas y se convirtió en el Cacique Agüeybana. El resto de los niños con cáscaras de yautía se desfiguraron la cara con sangre de higo y en bonche se fueron a la plaza para asustar a todo el que pasaba a cambio de dulces o algunos centavos.
Después de las doce de la noche el pueblo quedó desierto y Gertrudis hizo su cama de cartones. Como había curioseado tanto se quedó profundamente dormida. Cuando amaneció abrió los ojos y todas las golosinas que le regalaron y la corona desaparecieron. Cerca de sus piernas solo quedaba una vaca lechera y un bloni. Los ingirió, y se puso a jugar con sus palillos de fósforo. Luego se fue por las calles del pueblo a mendigar un vaso de agua y un pedazo de pan. Solo el disfraz perduraba.
©Edwin Ferrer
