Un 31 de Octubre los niños del malecón se disfrazaron con atuendos diferentes hechos por ellos mismos. Siendo muy pobres, disfrazarse la noche de Haloween era una manera de conseguir algunas golosinas sin costo alguno.
Ralín se pintó la cara y las manos con carbón de la hoguera de Bache, se acomodó una almohada en su espalda y aseguró ser el jorobado de” Notre Dame”. Josué se pintó con achiote el cuerpo entero; cortó un saco de papas en dos tajadas y se convirtió en el Cacique Agüeybana. El resto de los niños con cáscaras de yautía se desfiguraron la cara con sangre de higo y en bonche se fueron a la plaza para asustar a todo el que pasaba a cambio de dulces o algunos centavos.
Esa vez a mi no me dejaron salir porque me había portado mal. Lo único que me permitieron fue mirar el panorama desde el balcón de mi casa. Al rayar la tarde no me quedo más remedio que ir al patio quitarle dos o tres plumas a las gallinas y disfrazarme de indio cherokee. Fugado me dirigí hacia la plaza y me topé con Gertrudis que caminaba con las piernas ensangrentadas, un vestido roído y lloraba de dolor. La seguí, se postró en el medio de la tarima y comenzó a quejarse de dolor. Cuando terminó la misa de las ocho las beatas y el cura pensaron que estaba disfrazada y le dieron parte del diezmo eclesiástico. El alcalde, disfrazado de rey, la coronó y la hiso Princesa, porque adjudicó que era el disfraz más genuino. Por un momento sonrió.
Después de las doce de la noche el pueblo quedó desierto y Gertrudis hizo su cama de cartones. Como había curioseado tanto se quedó profundamente dormida. Cuando amaneció abrió los ojos y todas las golosinas que le regalaron y la corona desaparecieron. Cerca de sus piernas solo quedaba una vaca lechera y un bloni. Los ingirió, y se puso a jugar con sus palillos de fósforo. Luego se fue por las calles del pueblo a mendigar un vaso de agua y un pedazo de pan. Solo el disfraz perduraba.
©Edwin Ferrer
Magistral forma de traernos recuerdos de nuestro pueblo. Edwin tu estilo es unico. Un sonoro aplauso…..
Si para algo ha servido Encuentro Al Sur ha sido para revivir, la literatura pueblerina salinenses. Y digo revivir, porque hubo en el pasado autores, que por no contar con los medios de expresión y difusión que existen actualmente, sus escritos se perdieron. De la misma manera sospechamos que entre jóvenes y viejos de nuestra comarca hay quienes hacen sus borrones, tanto convencionales como cibernéticos, pero no se han lanzado formalmente al ruedo o desconocemos sus aportaciones.
Cualquiera que examine las páginas de Encuentro Al Sur verá plasmado en ellas una huella literaria que confirma lo afirmado. Los autores que conforman el colectivo Encuentro Al Sur son continuadores de una tradición puertorriqueña y su mayor afán es que esta tradición creativa se perpetué. La oportunidad está disponible.
encuentroalsur@gmail.com
El cuento reafirma una vez mas lo que ya hemos dicho de ti y tu narrativa: eres retratista de lo pasado. Pero un retratista que no reproduce la realidad ni la inventa. Un retratista que transforma la imagen en otra imagen más rica y mas duradera. Me sorprendió verme convertido en personaje y más aún, personaje, ente ficticio, en el cuento, representando a un personaje real y noble. Mi companero de escena, Ralin, tuvo peor suerte que yo, puesto que le tocó caracterizar al ilustre, tristemente ilustre Jorobado de Notre Dame, que, aunque clásico, es producto de la fantasía. Gertrudis, personaje recurrente en tu obra, tuvo el papel más complicado y más sufrido puesto que se representó ella misma que es como sufrir la vida dos veces. Te felicito. Sencillamente GENIAL. Otra joya en el cofre que guarda lo mejor de nuestra literatura pueblerina.
Me gusta la ternura con que tratas al personaje, pero que pena que como en la canción, al final la vida sigue igual. Yo la recuerdo un poco, una niña encerada en un cuerpo adulto. Bueno y más.
Me acuerdo de Gertrudis, caminaba por la plaza y los muchachos la molestaban. Me gusto el ambiente de pueblo que le diste. Bueno,bueno.