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En el marco de la puerta apareció ella desnuda, bañada en sangre. Sollozaba, su faz transfigurada. La viva imagen de un cadáver salido de la fosa.
La arropé con la cortina que arranqué de la ventana de la sala. Ella me señaló hacia el dormitorio. Allí yacía algo que parecía un ser humano.
©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, enero de 2012
