La solución no está en eliminar la fianza, que es un derecho de las personas acusadas para evitar el encarcelamiento ilícito y prolongado, así como un espacio para preparar su defensa antes de ser enjuiciadas. El tratamiento de un problema tan complejo como el crimen, siempre queda atado a las intenciones ocultas de las autoridades. Si la verdadera intención es disminuir el crimen, no puede ser a costa de repetir los momentos oscuros de la humanidad, ni de abolir los derechos humanos. Lo necesario es atajar la corrupción que alienta el delito, implantar las más avanzadas técnicas de investigación criminal para esclarecer los crímenes, y velar por una trasparente administración de justicia para evitar la impunidad y enjuiciar a los culpables.
Hay contradicciones cuyos efectos nos dan en la cara. Media humanidad aún lucha hasta la muerte por que se respeten sus derechos humanos. En cambio, aquí en Puerto Rico, una banda de malhechores de cuello blanco que nadan en un mar de impunidad, nos pide que renunciemos a ellos. Podemos optar por defender los derechos alcanzados o echarlos al zafacón poseídos por el temor.
srs

