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Leyenda de la Quebrada La Joya / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

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Abeymanex, el hijo del cacique Abey, vivía profundamente enamorado de Guaynina. La tez bronceada, la cabellera negra, el cuerpo musculoso y la estatura hacían de él un digno heredero del cacicazgo del Abeyno.

Estaba siendo instruido en las artes del buen gobernar y de la guasábara ya que algún día le tocaría suceder a su padre. En Boriquén todas las jóvenes de linaje cacical ansiaban ser escogida como esposa del príncipe heredero.

Guaynina era la más hermosa joven naboría del yucayeque. Abeymanex fijó sus ojos en la preciosa mujer y decidió convertirla en su amada esposa. Esa preferencia por una naboría fue causa de envidias, intrigas y rumores entre los taínos nobles.

Pero estalló la guerra indígena comandada por Agüyebana El Bravo. El valiente Abey junto a otros caciques de la región se unieron a la batalla. La comarca del Abeyno se armó con macanas y flechas afiladas que surcaban certeras el espacio. Abeymanex y los guerreros al mando de Abey se fueron a la guazábara.

Las batallas fueron intensas. Los taínos luchaban con arrojo. Pero, los invasores españoles, con sus armas más poderosas, diezmaron rápidamente las valerosas tropas borincanas.  El cacique Abey fue apresado durante la fiera batalla. Encadenado fue desterrado a La Española para que su presencia y liderato en Boriquén no fuera fermento para la guasábara. Nunca más se supo de él. El valiente boricua fue borrado de la historia. Se dice que poco tiempo después murió de angustia y de pena a causa de las desdichas de su amada tierra.

Abeymanex y Guaynina perseguidos por los sangrientos españoles, lograron huir por el cauce río Abey, tantas veces testigo de sus amores. Se internaron en la espesura del bosque repechando los montes, cruzaron la Zanja y se escondieron en la cima de los montes del Cuyón. Protegidos por los cemíes ancestrales, jamás los invasores pudieron atraparlos.

Cuentan que luego de la destrucción del Abeyno el llanto continuo de Guaynina y las lágrimas imparables de Abeymanex descendían a torrentes formando un surco entre los cerros hasta encontrarse con el Río Abey. Así surgió la Quebrada La Joya.

Desde entonces, cada vez que La Joya crece, se escucha el llanto amargo de los amantes taínos fugitivos. Se dice que ansiosos de libertad derraman sus lágrimas en el río para fertilizar de amor las tierras del Abeyno.

© Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 28/feb/2012

Foto Colectivo Cultural Wipala

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