Abeymanex, el hijo del cacique Abey, vivía profundamente enamorado de Guaynina. La tez bronceada, la cabellera negra, el cuerpo musculoso y la estatura hacían de él un digno heredero del cacicazgo del Abeyno.
Estaba siendo instruido en las artes del buen gobernar y de la guasábara ya que algún día le tocaría suceder a su padre. En Boriquén todas las jóvenes de linaje cacical ansiaban ser escogida como esposa del príncipe heredero.
Guaynina era la más hermosa joven naboría del yucayeque. Abeymanex fijó sus ojos en la preciosa mujer y decidió convertirla en su amada esposa. Esa preferencia por una naboría fue causa de envidias, intrigas y rumores entre los taínos nobles.
Pero estalló la guerra indígena comandada por Agüyebana El Bravo. El valiente Abey junto a otros caciques de la región se unieron a la batalla. La comarca del Abeyno se armó con macanas y flechas afiladas que surcaban certeras el espacio. Abeymanex y los guerreros al mando de Abey se fueron a la guazábara.
Las batallas fueron intensas. Los taínos luchaban con arrojo. Pero, los invasores españoles, con sus armas más poderosas, diezmaron rápidamente las valerosas tropas borincanas. El cacique Abey fue apresado durante la fiera batalla. Encadenado fue desterrado a La Española para que su presencia y liderato en Boriquén no fuera fermento para la guasábara. Nunca más se supo de él. El valiente boricua fue borrado de la historia. Se dice que poco tiempo después murió de angustia y de pena a causa de las desdichas de su amada tierra.
Abeymanex y Guaynina perseguidos por los sangrientos españoles, lograron huir por el cauce río Abey, tantas veces testigo de sus amores. Se internaron en la espesura del bosque repechando los montes, cruzaron la Zanja y se escondieron en la cima de los montes del Cuyón. Protegidos por los cemíes ancestrales, jamás los invasores pudieron atraparlos.
Cuentan que luego de la destrucción del Abeyno el llanto continuo de Guaynina y las lágrimas imparables de Abeymanex descendían a torrentes formando un surco entre los cerros hasta encontrarse con el Río Abey. Así surgió la Quebrada La Joya.
Desde entonces, cada vez que La Joya crece, se escucha el llanto amargo de los amantes taínos fugitivos. Se dice que ansiosos de libertad derraman sus lágrimas en el río para fertilizar de amor las tierras del Abeyno.
© Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 28/feb/2012
Foto Colectivo Cultural Wipala
BIEN BONITO DE VERDAD SALUDOS
Gracias por la publicacion de esta leyenda , siempre me han gustado . Me gustaria leer otras .
Bain
Exquisita Narracion. Un relato muy conmovedor que nos hace pensar en quienes somos de donde venimos y hacia donde vamos. A la verdad que es una joya de literatura digna de admirar.
Simplemente EXQUISITA.
Trabajos como este deberian de difundirse, ya por la radio, en planfletos a los estudiantes, en las actividades culturales para plasmarlos en la imagineria popular. Tenemos, tambien, que hacer análisis para validarlas.
Senti pena al leerla, pues nuestros indios tuvieron que irse, otros muertos en su propia patria… una leyenda que muy conmovedora. Gracias por la publicacion y darnos la oportunidad de leerla.
Edelmiro esta narracion ha sido otra joya de la literatura salinense que gracias al vehiculo que tenemos en Encuentro…al Sur, y por supuesto tener exponentes de tu categoria, poder llevar nuestra historia y leyendas a futuras generaciones. Aplauso a nivel de ovacion…
en estos tiempos, podria existir tanto amor? muy bonitos e interesantes datos.
Felicitaciones. Escribir breve y decir mucho es el gran reto de quienes escriben, sienten e inspiran.
Encomiable esa tarea de escribir las leyendas que dan un toque espiritual, ritualista, mistico, a un pueblo que clama por encontrarse en la Historia.
Muy bueno Edelmiro. Pero no lo dejes ahi, revisa y afina que bien, vale a precio de oro, el esfuerzo.
Las leyendas forman parte del espíritu de los pueblos. Afianzamos nuestra idiosincrasia, querencias y cultura cuando las artes doblan y redoblan estos relatos para expresar en música, poesía y narraciones el espíritu que adorna nuestra divina humanidad. Toca a los artistas sacarla a flote.
Para no robar la frase de Edwin… Ovación de pie!!!
Me gustó muchísimo esta conmovedora y encantadora leyenda.