La mano hueca
en busca de la dádiva.
El cuerpo, un bulto amorfo y mal oliente
sobre la vereda.
Las dos muletas,
dos flechas de angustia
sobre la ciudad densa.
Pasa el gentío indiferente
agitando su lengua.
Lacrados los bolsillos,
ocultas las monedas
y en ausencia los ojos
para no ver la oblicua
geometría de los suyos
añorando el amor
que lo rescate
de la mísera vida,
que sólo el hambre puebla.
De tanto en tanto, alguno
tocado en la conciencia
acerca unos centavos
hacia la palma trémula
y lo mira distante,
esquivando el pecado
de una sociedad yerma,
levantada en demencia
sobre torcidas reglas.
Él con su sonrisa nula
entre los labios
nos señala y nos deja
la inquieta sensación
de que allá arriba
el Padre nos registra
una gran deuda.
Su mano hueca
en busca de la dádiva
es una culpa inmensa
que anda suelta.
© Gloria Gayoso
