Advertisements
—Eso te pasa por sobrá —, dijo mi madre al verme llegar a la casa con mi traje de papel hecho trizas, mis zapatos de cristal rotos, mi cabello desaliñado y los ojos negros e hinchados.
De más está decir que jamás volví a montarlo, de allí en adelante me conformé con los “caballitos.”
©Maria del Carmen Guzmán

