Advertisements
Vinieron por EL MAESTRO. Los soldados poseían armas poderosas, cañones, tanques, bazucas… Lo acusaron injustamente de conspiración e incitar a la violencia.
Los discípulos, desesperados, le preguntaron,
—Señor, ¿Ahora qué vamos a hacer?
Respondió,
—No teman, cuando sus armas enmohezcan y sólo sirvan como chatarras, las nuestras surgirán y los derrotarán.
–¿Cuales armas, si ni cuchillos de cocina tenemos?–, pregunto un discípulo.
Tras una breve pausa contestó,
—Las palabras.
©Jovino González, Abeyno.

