Sasule era un muchacho inseguro.
Si le preguntaban: — ¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Invariablemente respondía:
Odiaba que su tío criticara despiadadamente a los demás, molestara a los ancianos o denigrara la cultura. Nadie decía nada. ¡Todos le reían las gracias!
Su padre lo abandonó cuando tenía cinco años.
Cansado de su rutina de hijo postizo, decidió comprar un Teatro de titiriteros para entretenerse.
Como le gustaba llevarle la contraria a la vida, la primera obra que montó fue Pinocho. Cada vez que el muñeco decía una mentira, en lugar de crecerle la nariz, les crecía a las personas que lo aplaudían.
A Caperucita Roja la disfrazó de oso. Mató al lobo, devoró a la abuela y la tiró al río..
Hastiado de los cuentos infantiles, se metió de lleno a la problemática social. Su primera representación fue “Toño Bicicleta”, a quien transformó como Juan Tenorio. El público, emocionado, lo halló divertido. Aquello se convirtió en una hemorragia de risas y ovaciones.
La segunda, una muñeca apocalíptica que con sus críticas espiritistas dañaba la imagen de todos y hundía más a su pueblo con sus carcajadas. Salía todas las tardes en televisión.
Al final se representó así mismo. Su padre tuvo el papel protagónico.
La llamó “El abandono”.
En el acto de cierre el padre y el tío se jugaron la vida.
El escenario quedó a oscuras y una música de Reggaetón flotaba en el aire.
© Edwin Ferrer 08/17/2009

