Sasule era un muchacho inseguro.
Si le preguntaban: — ¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Invariablemente respondía:
Odiaba que su tío criticara despiadadamente a los demás, molestara a los ancianos o denigrara la cultura. Nadie decía nada. ¡Todos le reían las gracias!
Su padre lo abandonó cuando tenía cinco años.
Cansado de su rutina de hijo postizo, decidió comprar un Teatro de titiriteros para entretenerse.
Como le gustaba llevarle la contraria a la vida, la primera obra que montó fue Pinocho. Cada vez que el muñeco decía una mentira, en lugar de crecerle la nariz, les crecía a las personas que lo aplaudían.
A Caperucita Roja la disfrazó de oso. Mató al lobo, devoró a la abuela y la tiró al río..
Hastiado de los cuentos infantiles, se metió de lleno a la problemática social. Su primera representación fue “Toño Bicicleta”, a quien transformó como Juan Tenorio. El público, emocionado, lo halló divertido. Aquello se convirtió en una hemorragia de risas y ovaciones.
La segunda, una muñeca apocalíptica que con sus críticas espiritistas dañaba la imagen de todos y hundía más a su pueblo con sus carcajadas. Salía todas las tardes en televisión.
Al final se representó así mismo. Su padre tuvo el papel protagónico.
La llamó “El abandono”.
En el acto de cierre el padre y el tío se jugaron la vida.
El escenario quedó a oscuras y una música de Reggaetón flotaba en el aire.
© Edwin Ferrer 08/17/2009
¡Bravo, Edwin!El abandono marca una vida de tal manera que ya no se puede seguir de pie, sin ese estigma. El personaje que creas guarda el dolor muy hondo, lo exterioriza en el movimiento de sus títeres, allí se hace fuerte y aunque el final es abierto, algo me induce a pensar que los dos hombres abandónicos se destruyeron en combate. Sólo así Sasule podrá enfrentar la vida sin fantasmas. Podríamos pensar que matando los recuerdos recuperamos la vida, no es verdad, pero muchas veces el olvido viene a inundar el alma con un bálsamo y entonces ya no hay herida.
La figura del padre marca la vida de Sasule. El padre biológico lo abandona y no halla sustituto en un tío imprudente y necio al que acaba por odiar. La amargura de hijo abandonado no mata su vocación y Sasule desarrolla una mente creativa que vuelca en los escenarios con finales inesperados y con la denuncia social. La imagen paterna sigue lacerando su personalidad y se propone acabar con el conflicto enfrentando al padre y al tío en los escenarios que domina cual hábil titiritero. La pieza deja la imaginación de los lectores la resolución del conflicto. El lector es quien debe decidir la suerte de Sasule; intuir si el hábil titiritero manejó las cuerdas de sus “odiados” personajes para lograr liberar la amargura que le ha seguido toda la vida. En el acto final y en el momento del enfrentamiento se nos impide el desenlace y sólo quedamos en la oscuridad de un escenario donde se escucha un regguetón.