A José Antonio Vázquez Rodríguez
Durante unas fiestas patronales me dirigía con mi hijo Manolo hacia La Playa a mirar las regatas. Al pasar por la esquina del edificio de La Mascota, donde ubica el negocio Manny´s Pizza, estaba Toño Guinea con un saco en la mano esperando transportación. Detuve el automóvil y le di pon.
En el trayecto hacia La Playa le pregunté qué llevaba en el saco.
— Es un gallo de pelea. Voy a jugarlo en la gallera clandestina del Sonuco. Está bien castao y seguro voy a ganarme unos chavitos.
Manolo insistió en que lo llevara a ver las peleas de gallo antes que a las regatas. Tanto chavó con lo de los gallos que decidí complacerlo.
Al llegar a los predios de la improvisada gallera nos bajamos del carro. Cuando Toño tiró la puerta para cerrarla el saco se encajó con la cerradura. Cuando volvió a abrirla, la tela ensangrentada y los aleteos del pobre animal mataron sus esperanzas.
© Félix M. Ortiz Vizcarrondo

