A José Antonio Vázquez Rodríguez
Durante unas fiestas patronales me dirigía con mi hijo Manolo hacia La Playa a mirar las regatas. Al pasar por la esquina del edificio de La Mascota, donde ubica el negocio Manny´s Pizza, estaba Toño Guinea con un saco en la mano esperando transportación. Detuve el automóvil y le di pon.
En el trayecto hacia La Playa le pregunté qué llevaba en el saco.
— Es un gallo de pelea. Voy a jugarlo en la gallera clandestina del Sonuco. Está bien castao y seguro voy a ganarme unos chavitos.
Manolo insistió en que lo llevara a ver las peleas de gallo antes que a las regatas. Tanto chavó con lo de los gallos que decidí complacerlo.
Al llegar a los predios de la improvisada gallera nos bajamos del carro. Cuando Toño tiró la puerta para cerrarla el saco se encajó con la cerradura. Cuando volvió a abrirla, la tela ensangrentada y los aleteos del pobre animal mataron sus esperanzas.
© Félix M. Ortiz Vizcarrondo
Pienso, en la esperanza, que apostada a la pelea, juega sus suerte sin anclar en nada firme.
Me recordó a Gabo en “El coronel no tiene quien le escriba”, donde el gallo jugaba el rol de salvador, y hasta comía más que los protagonistas humanos.
Buen relato anecdótico.
Saludos, Felix!
Gloria
Felix: Los problemas con guineas, gallos y carros de Toño comenzaron en 1950 cuando un carro le dio un cantazo y le partio una pata al cruzar distraido la carretera en la salida del Pueblo hacia Las Marias, frente a la Casa de Dolores y Toño Ledee.
Hace algunos años un ‘”bichote” de la Playa se lo llevó para Nueva York un fin de semana. Nunca pudo entender el viaje por lo que preocupado en plena urbe niuyorkina preguntaba: Y de aquí, ¿como cojo para llegar a la Playa?
Es un personaje y amigo muy querido de nuestra niñez por su grandeza de alma expresada en su sencillez más exquisita. Un buen recuerdo.