El laurel de la india que lo cobijaba se ha dormido en la plaza, frente a la Iglesia la Monserrate, a la austeridad de su sombra. Mil besos pasaron rápidamente sobre las pocas ramas, dejando un fino polvo de rocío cristalizado en cada hoja.
— ¿Has visto pasar la tempestad?— Una de ellas respondió:
—No, pero ni una sola pluma quedó.
El nido en el laurel quedó tronchado. Los transeúntes que han pasado por sus ruinas han dicho:
—Tal vez se cansó de su descuido o marchitó por falta de agua.
Tan vacío de sentido como una escoba, se resignó sin dar sombras a los enamorados. No hay sentido. ¿Porque el laurel quedó triste frente a la Monserrate? Para el pitirre no hay misterio ni evidencia, solo su soledad revolotea al sonar de las campanas los días de Nochebuena llevando nuevas ramas de esperanza a su nido.
©Edwin Ferrer 12/26/2009

