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Daba vueltas por la plaza muy vestidito de blanco y cuando llegaba a la iglesia se persignaba. Al llegar a la vieja casona volvía y se persignaba.
La gente contó su historia.
El día que Pancho se despidió yo estaba allí. Pasó como un celaje por mi mente y yo seguía allí. Dio vueltas como un loco pidiendo un milagro y ver a su amada.
La gente seguía hablando y yo quedé paralizado.
¡Yo soy de allí!
Ahora ando en círculos y cuando llego a la Monserrate bendigo a mi pueblo y digo como Pancho, ¡Yo soy de allí!
Edwin Ferrer 8/3/2010
