Antes que nada, Gracias a todas las fuerzas divinas que nos acompañan.

Se dice que todos los seres vivientes poseen un alma, pero también que cada país, cada nación, cada ciudad, cada pueblo posee un Alma que lo distingue, ese es su sello de identidad, su conciencia colectiva trascendente. Estamos hoy aquí para celebrar el Alma de Salinas.   

Venimos a Conmemorar el cincuentenario de la creación y adopción de los símbolos municipales de Salinas.

Venimos a Rendir homenaje a estos símbolos, reflejo de los valores más arraigados de nuestra comunidad y ecos de tres siglos de historia salinense. Colores verdiblanco que primero enarbolaron con orgullo los estudiantes de la Escuela Superior de Salinas, marcando el inicio de un legado que aún nos une.

Venimos a Restituir, entre los salinense, la presencia física de nuestra bandera de gala, desaparecida desde 1975.

Venimos a Transitar por el camino que conduce a la Conciencia Colectiva Trascendente de un pueblo

Para recuperar y preservar la identidad, así como para fortalecer el alma de un pueblo, es imprescindible recuperar y enaltecer la memoria histórica. Ese patrimonio de conocimientos, sentimientos, vivencias y experiencias que nutre y moldea la conciencia individual de cada ser humano. Esa es la base para forjar una conciencia trascendente que, desde el hogar, cultive el orgullo de ser salinenses, aun cuando nuestras madres hayan tenido que parirnos en hospitales de otros pueblos. 

La memoria colectiva echa raíces en cada individuo cuando, a través de la educación y la experiencia, se rescatan saberes, relatos y vivencias del pasado y del presente. Además, guarda cuentos, misterios, cantares, poemas, mitos y leyendas que se transmiten de generación en generación. Así ocurre el milagro de reconocerse parte de una identidad compartida. Es entonces cuando el “yo soy” brota, dotando al individuo de una conexión profunda con la memoria colectiva humana. Ese viaje por la historia despierta en cada persona curiosidad, creatividad y un genuino sentido de pertenencia.

A manera de ejemplos vamos a recrear algunos de esos episodios históricos que sustentan la identidad de los salinenses:

  • El cacique Abey, encadenado camino al destierro junto a otros caciques indígenas después de la desigual batalla de Yahueca y los cien años resistencia indígena que siguieron tratando de impedir que le arrebataran a su patria Borinquen.
  • El asentamiento apacible y laborioso de colonos entre el río Abey y una quebrada de aguas cristalinas que dio lugar a la formación de la aldea de las Salinas de Coamo a mediados del siglo 18.
  •  El coraje desplegado por los vecinos en1803 que hizo huir a los corsarios ingleses que intentaron saquear el puerto. Seguido de la transformación de Las Salinas de Coamo en el barrio más próspero de la Villa de San Blas, impulsado por la llegada de inmigrantes no españoles a principios del siglo 19.
  • Las penurias de nuestros antepasados africanos esclavizados por los hacendados que junto a negros libres antillanos nos legaron una parte esencial de nuestro ingenio, historia, cultura e identidad.
  • Los desafíos de Antonio Semidey, teniente a guerra del barrio de Las Salinas, a la autoridad de Coamo anticipando desde 1837 la independencia municipal.
  • El clamor de los vecinos de Las Salinas al gobernador Miguel López de Baño, solicitando en 1839 la separación de la Villa de San Blas y el arduo proceso fundacional de Salinas entre 1839 y 1850.
  • La desafortunada anexión de Salinas como barrio de Guayama en1847, que causó le robaran territorio y la persecución contra los que exigían la restitución de su municipio.
  • Las luces y sombras de la asediada y tortuosa existencia de la corporación municipal en los últimos 58 años del régimen español en Puerto Rico.
  • Lo bueno y lo malo del establecimiento de la Central Aguirre, con la imposición en nuestro territorio de las penurias sociales, el racismo y la segregación propias de las plantaciones sureñas estadounidenses.
  • La respuesta heroica por la justicia social de los trabajadores de la caña, que en el Coquí, San Felipe, Río Jueyes y toda la región, al grito de “¡Huelga!”, enfrentaron los poderes de la central y la violencia del Estado para reivindicar sus derechos.
  • El salto a la modernidad a principios del siglo 20 en las administraciones de Julio Benvenytty y Leopoldo Morera.
  • La revolución educativa iniciada por Stella Márquez, que abrió las puertas de la educación a los niños de entonces y que, por sus ovarios, creó una de las primeras y mejores escuelas superiores de Puerto Rico.   Escuela Superior que nos legó los colores verde y blanco que hoy enarbolamos con orgullo.
  • Y como consecuencia La huella creativa de los salinenses en las artes, la música, las profesiones, el derecho y la educación, entre otras.
  • La expropiación de una quinta parte de terrenos agrícolas para dedicarlos a una base militar desde la Segunda Guerra Mundial en perjuicio de una próspera producción agropecuaria y el desplazamiento de sus habitantes a lo que hoy son las comunidades Coco, Vázquez y Las Ochenta.
  • La emigración fomentada por el Estado que llevó a cientos de familia salinenses a los campos y ciudades de los Estados Unidos, algunos de ellos, sin boleto de regreso.  
  • La emocionante entrada de Rolando Cruz desfilando con la bandera de Puerto Rico en las Olimpiadas de Tokio en 1964, ejemplo de las múltiples hazañas deportivas de alcance mundial logradas por atletas salinenses.
  • La admirable lección de coraje que el pueblo transmitió a una administración municipal que menoscabó el legado patrimonial y arquitectónico de la Plaza Delicias, porque la historia patrimonial no se borra, se preserva.
  • El heroísmo supremo de Héctor Santiago Colón quien ofrendó su vida en el fragor del combate en las lejanas tierras de Vietnam. 

Muchos más son los ejemplos que llegan hasta nuestros días. En estos ejemplos se refleja la evolución histórica que creó la nación borincana y dentro de ella a los salinenses.   

Reflexionemos un instante a donde no lleva el siglo 21. Somos testigos de una explosión de talentos, pero también de un aumento en la emigración de personas en edad productiva. Asistimos a la construcción de nueva infraestructura y atención a problemas específicos gracias a fondos especiales. Seguimos arrastrando problemas sociales endémicos heredados del pasado que se repiten. Y el cambio climático amenaza con erosionar nuestras costas.  

Experimentamos disminución en la población, una tasa de nacimientos escasa, un aumento de adultos mayores y la presencia de una población flotante de fines de semana que impactan la economía y complican la prestación de servicios públicos. Pero el mayor reto que enfrentan hoy los municipios es la posible reducción de ingresos o, peor aún, la imposición de la falseada idea económica de eliminar municipios.  

 Para los municipios estos desafíos, exigen la colaboración constante entre pueblo y autoridades.  La transparencia en la información hacia la ciudadanía se hace imprescindible. Incluyendo fortalecer los vínculos y la cooperación con los salinenses ausentes o en la diáspora. En tiempos de incertidumbre, lo peor que puede suceder es la ruptura de la unidad comunitaria y que impere la rivalidad.  

En nuestro caso, la administración proclama que en momentos de crisis la solución tiene que surgir de los salinenses mismo. Esa sabia política supone activar la productividad y el emprendimiento considerando las amenazas y oportunidades que el entorno presenta, a lo que añadimos, la movilización de las fuerzas cívicas, culturales y comunitarias hacia ese objetivo.

Los símbolos no son representaciones visuales vacías; son el reflejo de nuestra identidad, historia, solidaridad y valores compartidos. Estos emblemas nos unen como comunidad, nos recuerdan nuestros logros y nos inspiran a luchar juntos por el futuro de nuestro pueblo.

Si no consideramos importantes estos emblemas, es porque desconocemos el principio de que a lo universal se llega desde las raíces, es decir, desde el lugar donde se nace o se vive. 

No obstante, ese orgullo y solidaridad en momentos puntuales hay que afinarlo para que brille con plenitud. Para que eso ocurra, es necesario cultivar una conciencia colectiva trascendente, arraigada en el respeto a los derechos humanos, la diversidad de nuestra gente, la historia, el patrimonio y el compromiso democrático. Hay que hacer vibrar el Alma de Salinas 

Nuestra historia es un tejido de lucha, valentía, resistencia, formación, quehaceres y esperanzas. Acceder a ese patrimonio es reafirmar lo que somos y compartimos. Es el cimiento para que los talentos de nuestra gente sobresalgan en lo que se propongan en la vida.

A las autoridades municipales y a las entidades académicas y culturales de Salinas les toca documentar, registrar y preservar y divulgar el tesoro patrimonial material e inmaterial que nos fue legado.   

También es responsabilidad de todos honrar con respeto los símbolos municipales ante los salinenses, pues educar con el ejemplo fomentará el reconocimiento de su profundo significado.  

Cuidar de esta hermosa geografía que la vida nos regaló es hacer brillar el alma de Salinas, que no es otra cosa que la conciencia colectiva trascendente: la fuerza que impulsa la historia, forjada día a día por los hijos de esta tierra.

¡Así, con paso firme camino al bicentenario!

Muy amables por escucharme, Gracias.