El “silencio de las mayorías” –más que una categoría de análisis sociológico- es un concepto político abstracto y relativamente ambiguo, por lo que sus significados y sentidos están sujetos a las relaciones de poder en pugna que lo signifiquen. Habitualmente, la filosofía política lo ha interpretado como fundamento de legitimidad de la autoridad interventora del Estado de Ley. A la presumida representación de “la voluntad del pueblo”, por ejemplo, le subyace la apropiación previa de este supuesto. La clase política dominante hace y deshace en su nombre y para su propia conveniencia, y no es con arreglo a una razón superior sino por virtud de la invocación de una fuerza mayor, la suma de todos los silencios. Así, buena parte de lo peor en nuestras sociedades se hace en nombre de los callados, como si el mutismo generalizado, incondicionalmente y sin excepciones, fuera signo de complicidad con los privilegiados por el poder del Estado; como si el silencio de las muchedumbres fuera la firma del Contrato Social; como si por no mediar palabra la ciudadanía enmudecida consintiera las incompetencias y brutalidades de sus gobernantes.

            Me permitiré diferir, y diré que no sólo se equivoca quien piense así, sino que muy probablemente miente. Además de tratarse de una farsa ideológica, la historia de este “entendido” es la de la histeria de los malos gobiernos. Lo cierto es que “la mayoría silente” es irrepresentable en términos absolutos y definitivos, y quien quiera que reclame su representación es, cuando poco, farsante. Como símbolo, puede aludir a la masa indiferente y desentendida, perezosa o acobardada tal vez, pero nunca a una postura uniforme de pensamiento, sentimiento o razón.

            Las manifestaciones de protesta y los contextos huelgarios son escenarios donde se evidencia un revés en el significado y el sentido del silencio masivo. Y es que la mayoría silente no representa una fuerza de oposición en sí misma, como quisiesen engreídamente jerarcas, demagogos y politiqueros. La huelga estudiantil en la Universidad de Puerto Rico lo evidencia. Desde la más alta jerarquía de gobierno se convocó al fantasma de la mayoría silente a romper huelga. El gobernador y séquitos subordinados, en especial la rectora interina del recinto de Río Piedras, la convocaron pública e insistentemente. Y ésta les respondió como siempre, en silencio y ausente. Y es que a veces, de vez en vez, el silencio y la ausencia se convierten en valiosos gestos de solidaridad, una solidaridad fantasmagórica, es verdad, pero solidaridad al fin. Otras veces, quizá como casi siempre, nunca sabremos…

Gazir Sued

El autor nació en Puerto Rico. Es un doctor en filosofía y profesor universitario.  Es autor de varios libros, entre ellos, Utopía Democrática (reflexiones sobre el imaginario político posmoderno y el discurso democrático) (2001); Violencias de Ley (reflexiones sobre el imaginario jurídico penal moderno y el derecho estatal a castigar) (2001) y Devenir de una (des)ilusión: reflexiones sobre el imaginario psicoanalítico y el discurso teórico político en Sigmund Freud (2005). Es además un apasionado realizador de cine, arte en el que ha hecho encomiables aportaciones como lo es la película  El lenguaje de la guerra.