Su familia vino de la lejanía a establecer una hacienda en el ensanche del pueblo.  Al regresar de sus estudios en las afueras, conquistó al poblado con su perspicacia, sabiduría y hechizo. Trajo consigo un puñado de secuaces y entresacó de la comarca a unos laderos para entonar su ayuntamiento.

Con mano dura y ademán procaz, mantenía al pueblo pacato y obstinado contra los sediciosos.

Desde la distancia, en los terrenos extramuros, se divisaban la vieja iglesia y la plaza, que parecían achicarse con el pasar de los años

© David Roche
10 de junio del 201o

El autor es un periodista y escritor puertorriqueño que reside en Filadelfia.