Hubo un tiempo, no tan distante al nuestro, en que al escritor se le tenía como un ermitaño, un anacoreta que necesitaba de la soledad y el silencio para elucubrar su obra. Un ser algo espacial y especial que de vez en cuando acudía al mercado o le veíamos por ahí mirando sin ver o viceversa.
Eso era, en parte, porque, a la verdad, ellos, como las hormigas, buscaban la compañía de sus iguales y dada la realidad de que no abundaban, ni abundan, los escritores, nada más pensábamos que se encontraban, en lo atañe a nuestro país, o en el Ateneo, en la UPI (Universidad de Puerto Rico) o el Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Por esa razón era más fácil tropezarnos con un Chupacabras en Salinas que con un escritor.
Así mismo como endiosábamos a aquellos que como René Marqués, Abelardo Díaz Alfaro y José Luis González habían hecho de la literatura un sacerdocio, también denigrábamos a los que, más cercanos a nosotros, como Antonio Ferrer Atilano —quien fuera recipiente del más cruel de los rechazos por parte de su propia gente—, hacían de tripas corazones por legarnos lo mejor de sus talentos.
Leíamos, más por exigencias del currículum que por gusto, Trópico en Manhattan, La charca, Doña Bárbara, Marianela, La vorágine, La carreta, La llamarada. Pero desconocíamos de la existencia de Yo soy de allí y Redes de mar en tierra, de Antonio Ferrer Atilano y ni se diga de las obras de Francisco “Panchito” Meléndez y Diosdado Dones.
Los primeros eran, así nos lo enseñaron sin decirlo, nuestros MAESTROS. Escritores consagrados, como Dios manda, y sus obras, clásicas representaciones de lo mejor de sus talentos, mientras que los nuestros. Aquellos sufridos escritores nuestros, pasaban a ser, para decirlo de algún modo, unos pobres diablos con algo de talento.
Con la excepción de Francisco “Panchito” Meléndez, a mi entender el que mejor comprensión tuvo de su función de escribir porque se atrevió a publicar de su propio peculio, a los otros se los tragó el pueblerismo y no fue sino, un tiempo después, con la creación del Movimiento Vanguardia Salinenses, en los años 70, que sus nombres empezaron a adquirir la resonancia que no tuvieron en sus años productivos.
El Centro Cultural de Salinas, apadrinado por la Sra. Virgenmina Sosa Santiago y presidido por su hijo, Sergio Rodríguez Sosa con la ayuda de Amílcar “Koko” Rodríguez Sosa y de un grupo de entusiastas salinenses, fue instrumental en eso que arriba menciono.
Ambas organizaciones crearon las condiciones objetivas y subjetivas para el surgimiento de un ambiente cultural y de redescubrimiento de nuestras raíces pueblerinas que nos llevó a ABEY, el imbatible Cacique, dueño y Señor de la Comarca del Abeyno, y a las obras de Antonio Ferrer Atilano, Diosdado Dones, Dionisio Morales (que siendo oriundo de Guayama, se tuvo y lo tuvimos como uno de los nuestros) y en menor grado, porque se le conocía menos, don Francisco “Panchito” Meléndez.
El Lcdo. Águedo Santiago, debido a su escrito Salinas al través de 100 años, publicado en el Puerto Rico Ilustrado en 1941, y Virgenmina Sosa Santiago, junto a los arriba consignados, se empezaron a convertir en iconos de nuestra incipiente literatura salinense
La Revista ABEYNO, Clarín y Acción Estudiantil, como los anuarios de las Fiestas Patronales y los de la Fraternidad Eta Épsilon Sigma, fueron las primeras plataformas, trincheras literarias, desde donde aquel renacer cultural en nuestro pueblo empezó a propagarse y cobrar forma y sentido.
Sergio Rodríguez Sosa, Danilo Cruz Miranda, Edgardo Lebrón Tirado y el que esto escribe se perfilaban, entonces, como los abanderados de esa nueva ola de escritores e investigadores de nuestra historia. Los que recogieron el bastón para seguir la obra antes comenzada.
Gracias al esfuerzo de cada uno de los ya enumerados, el municipio de Salinas, bajo la administración de Társilo Godreau Ramos, adoptó el escudo de armas, el sello municipal, la bandera emblemática del pueblo y el himno municipal, de la autoría de Antonio Ferrer Atilano, como los símbolos oficiales del municipio.
Se realizaron, en aquellos años, actos culturales que despertaron el interés de la población, exposiciones de arte con talento local y otras actividades afines.
Pero no todo fue miel sobre hojuelas.
Tuvimos oposición. Seria y tenaz oposición. El Profesor Bruno Díaz, distinguido educador nuestro, publicó un semanario At-Hoc, titulado El Yemín, desde donde trato de injuriarnos. Nos atacó cruel y despiadadamente, tildándonos de revoltosos, de come candelas, de comunistas (estribillo clásico de la época para anular toda idea creadora de parte del adversario y ganarle, de paso, el repudio popular) y don Silo, hombre bueno y honrado, usó dinero público para desvirtuar, por Radio WHOY, nuestras propuestas con furibundos ataque, más de carácter personalista que de otra índole.
Nos llamó facinerosos y mentecatos.
A Sergio Rodríguez Sosa le pusieron un revolver en la cabeza para intimidarlo y hacerlo desistir de su lucha. Pero todos ellos erraron el tiro, porque nuestra causa iba más allá de lo que ellos consideraban un plan para desestabilizar el gobierno local y por ende el insular.
De no ser por el Movimiento Vanguardia Salinense y el Centro Cultural de Salinas la administración de don Társilo Godreau Ramos se hubiese recordado hoy como un momento de estancamiento económico/cultural, como una administración larga, tediosa, insípida e irrelevante, sin nada realmente valioso, importante, para recordar.
Gracias al MVS y al Centro Cultural de Salinas se creó el concepto y la estructura de nuestra Biblioteca Municipal, diseñada por un salinense (Arquitecto Luis Antonio “NONO” Colon, hijo de la Profesora Gudelia Colon), la Plaza de los Fundadores en El Pueblito, que ahora esta administración (PNP) ha rebautizado, de manera irresponsable, con el nombre de Profesora Gisela Ocasio.
Hubo simulacros de violencia. Pero finalmente, porque todos éramos salinenses y buscábamos, de diferente manera y con enfoques disimiles, lo mejor para nuestro pueblo, logramos encontrar un punto de sosiego y echando a un lado diferencias ideológicas insalvables en aras de un común denominados (Salinas), tanto don Tasilo Godreau Ramos, como todos nuestros detractores, terminaron reconociendo que aquello que nosotros reclamábamos era el derecho a precisar y ordenar nuestra vida comunal desde unos parámetros que luego trajo los libros Tras las huellas de mi pueblo (1981), de María del C. Guzmán Rodríguez, Tejido Solariego (1999), de Virgenmina Sosa Santiago, Cuentos del solar (1999) de Josué Santiago de la Cruz, La Nena (2007) de María del C. Guzmán, Evocando el pasado (2009) de Edwin Ferrer y Eileen Lebrón, Cuentos y des-Cuentos (2010, 2012) y Primera Antología de Escritores Salinenses (2010), de Josué Santiago de la Cruz, Poemario en Dos Tiempos (2010), de la Prof. Gloria Dones Santiago, Señora de La Monserrate (La Virgen Morena de Salinas), del Prof. Sergio Rodríguez Sosa (2010), Cuentos para pasar el Macho (2012) y Microficciones (2012) de Josué Santiago de la Cruz.
Con la excepción de Tras las huellas de mi pueblo y La Nena, los que les siguieron fueron producidos por Ediciones ABEYNO, el mismo pie editorial que en los años 60 publicó Revista ABEYNO, Clarín y Acción Estudiantil.
En el universo cibernético, Hijos del Cacique ABEY y ENCUENTRO AL SUR, son iniciativas encaminadas a recuperar, organizar y documental el paso nuestro por la historia.
Poco a poco aquel viejo concepto, aquella vieja percepción del escritor desconectado de su entorno, hombres y mujeres iluminados e iluminadores, ha sufrido algunos cambios. Se ha humanizado la idea y todo eso gracias a que la computadora y su protagonista, el INTERNET, ha servido para erigir un puente, una avenida de comunicación, de libre acceso, entre los escritores y los artistas y el público lector y amante del Arte.
Ahora es más fácil tropezarnos con un escritor en FACEBOOK que con un viejo amigo en la calle.
Josué Santiago de la Cruz
11/01/2011
Este enriquecimiento cultural resumido por Josué ha tenido una maravillosa secuela y ya son más de una docena de escritores salinenses que han tenido la oportunidad de publicar sus libros, aca y allá afuera. El propio Josué Santiago de la Cruz, el chico de Talas Viejas, tiene a su haber una importante obra literaria que enriquece la literatura puertorriqueña y lo convierte en uno de los exponente principales del microrrelato nacional. Ligia Vázquez aportó una piedra angular con la primera historia de Salinas, publicada en 2000, base y fundamento para futuros proyectos en esa disciplina.
Entonces vinieron los libros surgidos al calor de las vivencias, los personajes y los sentimientos de Edwin Ferrer, Nixaliz López,María del Carmen Guzmán, José Santiago, Mariní Torregrosa, Lucia Margarita Cruz, Roberto Quiñones, Edelmiro Rodríguez, Melvín Rodríguez, Angel Isian, José A. Santiago Cruz, Elizabeth Marquez, Hilda Famania que despertaron la chispa del Ciirculo Literario Antonio Ferrer Atilano.
Pero en este tiempo hemos visto manifestar entre nosotros sus dotes de escritor al insigne Jaime Martinez Tolentino y a los salinenses que han hecho sus aportaciones en Encuentro al Sur como: Félix Ortiz Vizcarrondo, Maribel Rivera, Roberto López, Li Yun Alvarado, Judimar Colón, Héctor Mendoza, Randy Díaz, Natalia del Rosario, Gloria Dones, Jovino González, Maileen Torres, Leslie Paravisini, Wanda A.Santiago, entre los que me vienen a la memoria. Pueden ustedes añadir si conocen de alguien que se halla quedado.
Recientemente se publicó el libro de cuentos En las montañas (2012) de Melvín Rodríguez Rodríguez. En 2011 este autor salinense había publicado el libro infantil ¿Quien se está llevando la leche? Asimismo, el Licdo. Eugenio Rodríguez Martínez acaba de publica este año su libro el Divorcio en Puerto Rico en ediciones en español e inglés.