Este individuo tiene fama de decirle perro muerto a cualquiera sin llegar a ofender. Pertenece al clan Ramos Valentín y es descendiente de Esteban Ramos, un líder comunitario y laboral fallecido hace años y al que Salinas honra con el nombre de una calle, a menos que la manía de cambiarle los nombres a las calles y estructuras no lo haya borrado de la historia.  Su mayor virtud es que toma la amistad muy en serio, sentimiento superior a las palabras grandilocuentes que muchas veces adornan su lenguaje.