” Hechizos de amor” o algo así decía el letrero que prometía regresarla en 24 horas. Gratis. Así como lo oye. Ni un céntimo por la consulta, aunque las entidades, creo que ese fue el nombre que le dio a los encargados de hacer posible el milagro, no son tan generosas, como ella.

—Está lejos.

—En Nueva York —dije.

—Más lejos aún.

Puse un billete de a 100 sobre la mesa.

— Muy, muy lejos… —enfatizó ella.

—¿Cuán lejos?

—Diez veces esa distancia —dijo y entró en trance.

Camino al hogar recordé que había olvidado darle mi nueva dirección y cuando regresé me encontré con otro letrero.

 © Josué Santiago de la Cruz