Desde donde estoy perdido

he pensado que bueno 

que habría que escribirte 

al borde del precipicio 

con las alas de ilusión marchitas

y la tonta esperanza de tus brazos

para evitar la caída feroz

en el fondo sin fin

al que llegamos todos uno tras otro  

como las nubes empujadas

por el huracán desde las playas morenas 

de la esclavitud del corazón

y los muslos basales de ese cuerpo

y de esas mujeres que aun re-muestran

en las calles tristes de las ciudades

de sangre y acero

las ventajas del abrazo hirsuto

sobre la recatada elegancia 

 

y es que estoy seguro como

el curso del agua ignorada

que tu sabrás recuperar la memoria

serás capaz de impulsar el viento

a ese deseo ilógico de ser feliz

aunque sea contigo

aunque sea conmigo

antes de llegar a ser

como todo lo demás.

 

24 de agosto de 2010