Cuando un escucha del béisbol de Grandes Ligas buscaba un segunda base, este tenía que tener buen fildeo, buen pivote, un buen corrido de las bases, un brazo adecuado, un sólido bate y algo de poder, casi en ese orden.
La estatura no era algo primordial, y menos el alcance. La mayoría estaban entre los 5 pies 9 pulgadas o quizás hasta los 5 pies y 11 pulgadas de estatura.
Cuando Roberto Alomar llegó a las ligas mayores en el 1988 a la edad de 20 años, Ryne Sandberg, Steve Sax, Juan Samuel, Harold Reynolds, Julio Franco, Ron Gant, José Lind y Jose ‘Cheíto’ Oquendo, entre otros, dominaban la posición.
Sandberg tenía el guante y el poder, Sax la velocidad y el promedio de bateo. Samuel tenía poder y velocidad, Reynolds un buen guante y alcance, y Franco y Gant el bate puro con fuerza. Chico Lind manos seguras, alcance y brazo, y Oquendo quizás las manos más seguras de todos.
Todo esto constaba, hasta que llego Roberto Alomar. El ahora miembro del Salón de la Fama del béisbol combinó bateo, defensa, alcance, manos rápidas, brazo, rapidez y seguridad en todos los aspectos del juego.
Pero el menor de los Alomar Velázquez poseía algo que no todos tenían. Sus genes, un regalo de Dios complementado con lo que muchos llaman intangibles: instinto, dedicación, habilidad, confianza, voluntad, deseo, pasión, todo esto lo llevaron al nivel más alto que pueda alcanzar un atleta, ser una súperestrella.
Los que hemos seguido su carrera en Salinas disfrutamos sus espectaculares jugadas: el toque de bola que ejecutaba a la perfección, los engarces detrás de la almohadilla de segunda deteniendo al corredor que intentaba anotar desde segunda.
Los dos o tres pasos para tomar impulso y saltar en el aire poniendo fuera al corredor en primera, el deslizamiento en abanico en el plato, en tercera base, y otras tantas más, las realizaba desde que era un niño en los parques de Salinas, Santa Isabel, Guayama y Ponce.
Nada nos sorprende cuando se trata de una atrapada detrás de la primera base en un juego de Serie Mundial, o una doble jugada junto a Omar Vízquel entregándole la pelota con la punta de sus zapatos.
Deslizándose de cabeza en la primera baseen una batazo en el cuadro, o ejecutando un relevo perfecto al plato recibido por su hermano Santitos con los Indios de Cleveland para dejar sin aire al corredor que trataba de anotar desde la intermedia.
Y con el madero también dejó su huella en el deporte.
Aquel batazo que cambio el rumbo de la Serie de Campeonato de Liga Americana frente al mejor taponero de esa época, Dennis Eckersley, un domingo de octubre de 1992 en la tarde.
El juego lo dominaban los Atléticos de Oakland 6-1 hasta la octava entrada, cuando Toronto reaccionó y puso el marcador 6-4. Eckersley entró a relevar en la alta de la octava, frenando la ofensiva de los Azulejos, y al dar el tercer out apuntó hacia el dugout de Toronto. El gesto en nada le gusto a los jugadores de Toronto.
Eckersley venía de tener una temporada de ensueño (ganó los premios Cy Young y el JMV de la Liga Americana), y el récord de los Atléticos cuando entraban a la novena entrada con la delantera era de 81-
1. En fin, el ‘closer’ más imponente de su era y uno de los mejores de todos los tiempos. Su elección al Salón de la Fama en el 2003 así lo indica.
En la parte alta de la novena entrada, con corredor en tercera base y en conteo de 2-2, Alomar conectó el batazo más grande en la historia de la franquicia de Toronto (hasta ese momento), empatando el juego 6-6. Los Azulejos ganaron el partido 7-6 en la entrada número 11, colocando la serie 3-1 a su favor rumbo a ganar la contienda y eventualmente la primera de sus dos series mundiales consecutivas.
Con un talento especial, y una manera única de expresarlo, es que se produce la chispa que crea el éxito. Eso es Roberto Alomar para el béisbol, un pelotero exitoso.
Fue único en su clase. Reinventó por completo como se jugaba la segunda base. Con su llegada los parámetros dejaron de ser los mismos, sellado su estilo en la posición y en la historia del deporte.

Simplemente hacía y tenía de todo en su arsenal como pelotero. Velocidad en las bases; saber interpretar el lenguaje corporal y los movimientos de los lanzadores; alcance para ambos manos; fildear pelotas en los predios del bosque derecho y central; presentar poder cuando la situación lo merecía.
Batear detrás del corredor; ser selectivo hasta conseguir la base por bolas; tomar el primer paso para sacar de out a corredores rápidos; anticipar las jugadas… en fin un verdadero genio del béisbol.
Cuando se habla de la segunda base en las Grandes Ligas hay que hablar antes y después de Alomar.
El salinense ahora se encuentra en el Salón de los Inmortales en Cooperstown, y allí será honrado por su pasión, amor, respeto, dedicación, entrega y por encima de todo, ser el segunda base más completo que ha dado la historia del béisbol de Grandes Ligas. El mejor segunda base.
©Jossie Alvarado
Aunque no creo que la genética haya jugado papel alguno en su desempeño como pelotero, Roberto Alomar es, sin duda, si no la mejor, una de las mejores Segunda Base en lo que va de historia peloteril.
De él dijo Cal Ripken Jr., paracorto de los Orioles del Baltimore y miembro del Salón de Los Inmortales en Cooperstown, como hoy lo es el nuestro, que Roberto ha sido el jugador más inteligente, dentro del terreno de juego, que él ha visto en su vida.
Hay quienes lo comparan con Michael Jordan, por la manera tan decisiva como dominó su posición y las cosas increíbles que hizo, para un Segunda Base, tanto en la defensa, como en el aspecto ofensivo. Sus jugadas espectaculares (aspectos del juego que no aparecen en las estadísticas y que, de no ser por la magia de la televisión, los comentaristas y la prensa, pasarían desapercibidas) lo han convertido en un paradigma para futuros defensores de la Segunda Almohadilla.
Su padre, Santos Alomar, a una pregunta que le hiciera un comentarista de Baseball, sostuvo que las cosas que le permitieron a su hijo llegar adonde llegó fue el hecho de que él fue muy disciplinado en la rutina basebolera, muy estudioso de los fundamentos del deporte y muy trabajador.
Esa, a juicio mío, fue la clave de su éxito. Todo lo demás es paisaje.
Enhorabuena.
Simplemente el mejor. Josie, con gran elocuencia señalas la grandeza de Roberto en el deporte del beisbol. No es fantasía ni producto de la amistad, es simplemente la pura realidad. Te felicito.
Jossie de verdad que nos haz regalado una joya con tu escrito de Robertito. No me ha extrañado en nada el conocimiento que sobre Robert tu tienes ya que desde que este empezaba a destacarse como pelotero tu estabas a su lado apoyandolo. Estoy seguro que esta joya que hoy nos regala sera parte en un futuro cercano de tu proxima edicion de Puerto Rico en las grandes ligas.
Jossie, te quedó de show! Tremendo!
Tengo que quitarme el sombrero ante este escrito de Jossie. Es lo mejor que he leído de este cronista deportivo y compueblano, En este caso es razonable que sea así porque se escribe desde la propia vivencia, desde la emoción. Con la pasión del que escribe para resaltar la valía de una persona conocida de primera mano, de un amigo, de un compatriota. La vehemencia del que quiere resaltar al el ser humano desde talentos e ingenio para que sirva de modelo a imitar y superar. En un país colonial como el nuestro, donde todo conspira contra la autoestima y dignidad, es un imperativo la descolonización mental de nuestra gente y escrito con el aroma que tiene éste hay que multiplicarlos hasta saturar nuestros sentidos. Abrazos Jossie.
En apretada síntesis, Jossie, has expuesto todo lo que es nuestro Roberto Alomar. Se que tienes más en el tintero y lo expondrás en el futuro. Pero, lo que tan magistralmente has escrito en este artículo, muestra la grandeza del nuestro. Los que no conocen de pelota pueden empezar por este escrito.
Gracias Josssie y adelante.
Hola, Jossie! Te quedo muy lindo, como siempre…y esas poses de Robertito, cubriendo esa segunda base estan espectaculares, como para Salón de la Fama!! Sigamos celebrando….
No entiendo mucho de deportes, pero tengo que mencionar que al leerte Jossie, me emocione a nivel del llanto, porque siento la pasión y dedicación de nuestro compueblano Alomar en la pasión que pones en este escrito redactado con el alma. Me siento tan orgullosa de Roberto Alomar como de ti, porque como dices:
“Cuando se habla de la segunda base en las Grandes Ligas hay que hablar antes y después de Alomar.”
Tambien es cierto que cuando se habla de Deportes en Salinas hay que hablar antes y despues de Jossie.
¡Que Dios bendiga a mi pueblo!