Clamó en el solitario calabozo sabiendo que pesaba sobre sus hombros una sentencia a cadena perpetua.

— ¡Sáquenme de aquí., sáquenme de aquí, soy inocente!—Gritaba.  Como si sus palabras ardieran en un fuego desconocido pidiendo clemencia para colgar sus recuerdos en la pared de la habitación que dejó abandonada con dos hijos y su amada.

Una cucaracha cayó desplomada desde las rejas, luego que saliera del presidio la compañía fumigadora ACME. El androide al sentirse solo comenzó a darle primeros auxilios.  Con su dedo índice le sobó el carapacho estomacal  y la recostó en una caja de fósforos tres estrellas. El insecto abrió los ojos y le pregunto:

— ¿Por qué  gritas?  Eres un peje grande, te han dado el calabozo más amplio  y hasta tienes una televisión plasma. No te preocupes, mientras masticaba el periódico local, leí que de todos los casos que hay en tu contra ninguno tiene testigos. Te propongo un trato. Si me consigues una galletita cuca saldrás en tres días de la prisión.

Al  siguiente día, el juez que lo encausó, dos fiscales y un senador aparecieron en su celda con  tres galletitas cucas, tres pancucos y tres mampostiales.  El juez se  acercó al recluso y mientras los fiscales y el senador alimentaban a la cucaracha le dijo al oído: “Vamos a hacer un trato.”

No pasó una hora cuando el androide empacó su ropa. Antes de irse pisoteó a  la cucaracha para no dejar evidencia. Al día siguiente la prensa del país anunciaba la radicación de una gran demanda contra el gobierno por falsas acusaciones.

© Edwin Ferrer