El mensaje de texto, “!Púdrete ahí!”, llegó cuando el conserje preguntaba por los días de mi estancia. “Hasta que se apiaden de mí”, contesté.
Esa mañana un arcoiris pintó el cielo, atravesó la ventana y vertió sus mágicos colores en la mesita central donde esperaba por el café. Al contemplar el bello espectro luminoso, el alma de poeta se apoderó de mí.
Mi poema sin versos cogió vida al ver como Ricky acariciaba a Paulie. Él le besaba el cuello y ella cerraba los ojitos y se amelcochaba. Quise que fueran libres y trazaran en vuelo el inmenso arcoiris hasta llegar a Borinquén, y que allí se multiplicaran como el pan divino, y su despliegue de caricias enterneciera el corazón de los sicarios, abusadores, y despreciables malhechores. Y que al fin, reine la paz…
Con aires de omnipotencia e indicios de locura, los tomé entre mis manos y antes de echarlos en
vuelo los besé tiernamente y dije, “hacéis el amor y propaguéis”.
Pero aquellos pichones no eran míos y un grito me sacó de aquella soñolienta y sublime condición.
Me botó al ver la jaula vacía…
©Roberto López
Opino como María del Carmen, tal vez la añoranza de libertad, que se viene empalideciendo en el mundo, te hizo aflorar toda la poesía de tu corazón.
Bendiciones, sigue añorando el vuelo, soñamos todos con otra realidad.
Cariños
Estoy de acuerdo con María. Me gusto la descripción de la mañana y la imagen del poema sin verso, sólo atrapado en el alma de un poeta, que encuentra poesia, música y belleza en las cosas simples. Asegúrate que la próxima vez no te “cachen”.
Leo nostalgia de libertad entre lineas.