El pueblo egipcio parece que tendrá que esperar algún tiempo más para alcanzar la plena democracia y un clima de tolerancia pluralista.  Hoy se celebra un referéndum que es determinante en ese sentido.  El movimiento prodemocracia que se reúne todos los viernes en la plaza Tahrir se opone a ese referéndum y está llamando a boicotearlo.  Se oponen al precipitado llamado a votar por una nueva constitución redactada por la Junta Militar que gobierna al País desde la salida del presidente Hosni Mubarak.  La elaboración de una nueva constitución ha sido una de las demandas que se han escuchado durante semanas en Tahrir, pero se sienten defraudados porque consideran que es demasiado similar a la vigente.

Como es de general conocimiento, la inmensa mayoría de los egipcios se autodenominan como fieles del Islamismo.   Ese elemento religioso ha dividido el movimiento de transformación en Egipto. Los Hermanos Musulmanes, una de las agrupaciones que participó en las manifestaciones que forzaron al Mubarak a dimitir, favorecen la celebración del referéndum y llama a votar a favor argumentando que la celebración del referéndum es un paso necesario para el proceso de reformas.

Pero ese apoyo de los Hermanos Musulmanes cobró fuerza cuando el destacado jurista islámico Ali Gomaa se opuso enérgicamente a que se eliminara del proyecto de constitución el artículo que estipula que el Islam es la religión del Estado y que los principios de la ley islámica son la base de la legislación.  En otras palabras, toda ley promulgada por el Estado no podrá contravenir las ideas religiosas contenidas en las doctrinas del Islam.

Así las cosas, el pueblo egipcio acudirá hoy a votar intimidado por una apabullante presencia militar e infundidos por las ideas religiosas más tradicionales que profesa. En ese escenario la aspiración por una constitución completamente nueva, pluralista y respetuosa de los derechos humanos, parece ser un sueño que se desvanece.

srs