Sobre el frío teclado, mis dedos cansados golpean las letras rígidas del alfabeto, como gotas de aguacero sobre el techo de zinc. Rompecabezas de palabras que plasman pensamientos en la pantalla de mi computadora; dibujando paisajes con imágenes retóricas, caricaturas de mis sueños.
¿Dónde estás mi querido lápiz de carbón? Aquel que mordía de nervios cuando pasaba el mozo de mis desvelos. ¿A dónde fue a parar el papel a rayas, avioneta que aterrizo en mi pupitre con tu primer verso? la cartita dentro del libro pidiéndome el sí, la pared con tu nombre y el mío, la mirada maliciosa, el beso robado en el cambio de clases. La excusa escrita por la amiga, cómplice de aventuras, para escapar a la playa. Mi sueño de antaño, como ceniza del cañaveral quemado, viajó en un soplo. Sólo quedó tiznada mi piel.
Ups… la pantalla se quedó en negro. Se agotó la batería de la laptop. Pero el gris de la materia continúa funcionando y el corazón sigue latiendo.
© Marinín Torregrosa Sánchez
Magnifico. !Que se apaguen todos los aparatos electrónicos y a escribir como enantes!, Bueno aunque sea por un día, para no perder la costumbre.
Me encantó Martinín! Ahora no vivimos sin teclado, pero había en la palabra manuscrita algo de la vibración interna del autor, que nunca reemplazarán las letras de molde. Yo también lo extraño, aunque todavía lo utilizo a veces.
Hermoso relato.