Tres angelitos se cayeron del cielo. En las redes de unos brazos ancianos quedaron enredados. La abuela formo un jolgorio y nunca más se quejó de dolores o cansancio. La risa y canciones se escuchaban por todo el vecindario, donde habitaban familias de todo género y tamaño.
Siempre vestidos de blanco caminaban los tres de la mano, felices como pajaritos que se bañan en la fuente, cruzaban las calles hasta la iglesia. Domingos, Nochebuena, Semana Santa, cada día de guardar como Dios manda.
El tiempo no paso en vano. Un día se hizo el silencio. La dulce abuela se quedo en un sueño. Los angelitos mudaron plumaje, escaparon descorazonados por su orfandad.
Rodeados de peligros salieron adelante hasta llegar al túnel final, ese del que nadie regresa, el de las tinieblas. Temerosos retrocedieron. Confundidos no podían atinar cual camino seguir. Un fuerte olor a canela perfumó el lugar y el frio humedeció el verdor que les rodeaba. Bajo la niebla apareció con alas tan blancas como sus vestidos de domingo. Sonreída los acurrucó bajos sus alas y atravesaron juntos el tenebroso túnel.
Un ramillete de angelitos crecía en el jardín, al otro lado.
©Marinin Torregrosa Sánchez
12 de abril de 2011.
Gracias Maritza, recibo tu abrazo con mucho cariño y tus palabras me han hecho el dia,muchas gracias.
Marinin,
Me fascinan tus escritos, siempre los leo. Tienes en mí una de tus seguidoras porque en tí hay demasiado por saber. Dios bendiga tu imaginación, creatividad y tu mano que sirve de transporte a tu lira tan hermosa. Cuidate porque eres especial, muy especial. No se si recuerdas el dicho: Ella tiene Angel, pues asi eres tu, orgullo salinense. Siempre la misma y un abrazo apreta’o.