Asomada a la ventana de mis ojos,
envidio a las palomas,
hurgando cielos,
liberando vuelos,
degustando el aire
en mil piruetas libres.
Mientras decoran nubes
encuentro mis arpegios inconclusos,
desperezo mis lunas trasnochadas;
mi corazón se hizo ave,
desde una lejana era secundaria,
cuando el agua, el fuego, la vida…
Vengo arrastrando un cincelado carrousel de pájaro
con ansias peregrinas de bandada traviesa.
Pero cuando el párpado desenhebra la luz,
soy sólo una metamórfica
piel de dinosaurio.
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Foto: Eva Lewitus