A mí mismo y a los que, como yo, aúllan por las noches.

Le pareció haber escuchado un alboroto proveniente del corral donde estaba el gallo que el marido trajo del pueblo, horas antes, y pensó que quizá extrañaba gallinero.

La ciudad malacostumbra hasta a los animales, pensó, y volteó el cuerpo para buscar el sueño antes de que los ladridos del perro se lo impidieran.

Cuando recién comenzaba a sentir el delicioso peso de la modorra en los ojos, oyó el ladrido y sintió que se abría la puerta. Miro el reloj y sin fuerzas, dijo:

«Feliz Día del Padre»

JSC