No digo nada nuevo, nada que ustedes no conozcan, cuando afirmo que nuestro pueblo tiene hambre y sed de figuras nobles, de vidas ejemplares como la de don Ricardo Alegría Gallardo, que hoy hemos perdido, pues de aquella hornada de hombres y mujeres integros él era el último que nos quedaba. Lo llamo el último de los buenos.

Ricardo Alegría no ha caído. Su cuerpo físico yace y descansa. Pero el verdadero Ricardo Alegría no es el cuerpo que acojerá la tierra que tanto él amó. El verdadero Ricardo Alegría echa alas y se levanta, se alza hasta la eternidad para morar junto a aquellos que le dieron honra, valor y sentido de pueblo a los puertorriqueños.

Así saludamos su memoria.