Tiene razón Dante en que las palabras de Roberto Alomar sobre su padre Santos y su hermano Santos, jr tiene el efecto de insertarlos por meritos propios en el sitial del Salón de la Fama reservado para Robertito. Ciertamente sus palabras definen sus lealtades y revelan lo poco que tiene que destacar de un entorno salpicados de prejuicios, a veces directos otras solapados, y de un sector de la prensa estadounidense que destacó sus meritos con las muelas de la atrás, porque no le costaba otro remedio. Es por eso que detrás de sus palabras, cuando se escudriñan contra las vivencias en ese mundo no exento de celos e intrigas, hay unas afirmaciones contundentes de quién soy y de donde vengo. Como dice Dante, las cantó de frente: YO SOY BORICUA PA QUE TU LO SEPAS.
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Sergio: Concurro con tus observaciones. En verdad fue un mensaje muy emotivo y cargado de un contenido muy pero que muy profundo y sin riberas. Su cortesía de pedir permiso para hablar en español apuntalado por su categórica aseveración de que esa es su lengua primaria y el inglés su secundaria al mismo tiempo que resaltaba su orgullo boricua como motivación primaria para su desempeño no es algo que deba tomarse livianamente ni de prisa. Fue cuidadoso al momento de agradecer en lo individual pero en lo colectivo solo recuerdo que mencionó al Pueblo Canadiense.
Siendo como es la mejor segunda base en toda la historia del beisbol de grandes ligas su opinión sobre el desempeño de su padre Santos y sobre su hermano tuvieron el efecto virtual de catapultarlos a su lado en el mismísimo salón de Cooperstown, cada uno por derecho propio. En nada le importó la opinión de los cronistas con su claro historial de prejuicios en adición a sus intereses creados. El mismo fue una víctima de esos prejuicios. Soy de la idea de que esta acción verbal fue deliberada y en el conjunto de sus expresiones es un grito de protesta seguramente por todas aquellas cosas que tuvo que pasar. Por eso se entiende que su estadía con los Azulejos de Toronto en Canadá fueron un oasis en el azaroso camino que tuvo que recorrer. Este trasfondo supervivencial para mi es el verdadero acto de heroísmo de Robertito Alomar y que está al mismo nivel que su exaltación a Cooperstown. Clemente no tuvo la oportunidad de hablarlo, Peruchín, no sé qué dijo. Robertito las canto de frente. YO SOY BORICUA PA QUE TU LO SEPAS.
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Sergio, muy buen análisis de lo que viste. Me uno a tus palabras, pues no tengo la habilidad que tienes expresando tus sentimientos. En horabuena para todos los Salinenses, en donde quiera que nos toque vivir en este momento de gloria para nuestro Pueblo. Abrazos fraternales y salinenses.
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Pude observar por Internet la transmisión de la ceremonia de Instalación de Roberto Alomar al Salón de la Fama del Beisbol de Coopertown. Vi a un Roberto Alomar más consciente de que le corresponde proteger una imagen pública creíble y aceptable en lo que le resta de vida. Escuché a un Roberto Alomar pronunciando palabras escritas con un tono de sinceridad mayor a lo que aparentaba antes. Noté que tiene claro que se debe a una fanaticada que, aunque ahora no espera verlo jugando, quiere verlo emulando a las personas que lo guiaron desde sus comienzos en las Pequeñas Ligas en Puerto Rico, hasta convertirse en el ídolo del beisbol de Grandes Ligas. Lo escuché valorando a la familia como núcleo donde se fraguan los caracteres y donde se encuentra refugio en los peores momentos de la vida. Lo escuché enaltecer a sus progenitores, a su hermano y a su hermana y sentirse parte del clan Alomar. Destilan sinceridad sus palabras de agradecimiento a Canadá y su orgullo de ser boricua y latino. En última instancia los seres humanas alcanzamos la grandeza honrando las raíces que nos llegan por nacimiento, por eso no tuvo empacho de enarbolar la bandera tricolor patria y la bandera blanca y verde de su pueblo natal.
Creo que aun tiene mucho que aportar esta figura del deporte internacional.
Tiene razón Dante en que las palabras de Roberto Alomar sobre su padre Santos y su hermano Santos, jr tiene el efecto de insertarlos por meritos propios en el sitial del Salón de la Fama reservado para Robertito. Ciertamente sus palabras definen sus lealtades y revelan lo poco que tiene que destacar de un entorno salpicados de prejuicios, a veces directos otras solapados, y de un sector de la prensa estadounidense que destacó sus meritos con las muelas de la atrás, porque no le costaba otro remedio. Es por eso que detrás de sus palabras, cuando se escudriñan contra las vivencias en ese mundo no exento de celos e intrigas, hay unas afirmaciones contundentes de quién soy y de donde vengo. Como dice Dante, las cantó de frente: YO SOY BORICUA PA QUE TU LO SEPAS.
Sergio: Concurro con tus observaciones. En verdad fue un mensaje muy emotivo y cargado de un contenido muy pero que muy profundo y sin riberas. Su cortesía de pedir permiso para hablar en español apuntalado por su categórica aseveración de que esa es su lengua primaria y el inglés su secundaria al mismo tiempo que resaltaba su orgullo boricua como motivación primaria para su desempeño no es algo que deba tomarse livianamente ni de prisa. Fue cuidadoso al momento de agradecer en lo individual pero en lo colectivo solo recuerdo que mencionó al Pueblo Canadiense.
Siendo como es la mejor segunda base en toda la historia del beisbol de grandes ligas su opinión sobre el desempeño de su padre Santos y sobre su hermano tuvieron el efecto virtual de catapultarlos a su lado en el mismísimo salón de Cooperstown, cada uno por derecho propio. En nada le importó la opinión de los cronistas con su claro historial de prejuicios en adición a sus intereses creados. El mismo fue una víctima de esos prejuicios. Soy de la idea de que esta acción verbal fue deliberada y en el conjunto de sus expresiones es un grito de protesta seguramente por todas aquellas cosas que tuvo que pasar. Por eso se entiende que su estadía con los Azulejos de Toronto en Canadá fueron un oasis en el azaroso camino que tuvo que recorrer. Este trasfondo supervivencial para mi es el verdadero acto de heroísmo de Robertito Alomar y que está al mismo nivel que su exaltación a Cooperstown. Clemente no tuvo la oportunidad de hablarlo, Peruchín, no sé qué dijo. Robertito las canto de frente. YO SOY BORICUA PA QUE TU LO SEPAS.
Sergio, muy buen análisis de lo que viste. Me uno a tus palabras, pues no tengo la habilidad que tienes expresando tus sentimientos. En horabuena para todos los Salinenses, en donde quiera que nos toque vivir en este momento de gloria para nuestro Pueblo. Abrazos fraternales y salinenses.
Pude observar por Internet la transmisión de la ceremonia de Instalación de Roberto Alomar al Salón de la Fama del Beisbol de Coopertown. Vi a un Roberto Alomar más consciente de que le corresponde proteger una imagen pública creíble y aceptable en lo que le resta de vida. Escuché a un Roberto Alomar pronunciando palabras escritas con un tono de sinceridad mayor a lo que aparentaba antes. Noté que tiene claro que se debe a una fanaticada que, aunque ahora no espera verlo jugando, quiere verlo emulando a las personas que lo guiaron desde sus comienzos en las Pequeñas Ligas en Puerto Rico, hasta convertirse en el ídolo del beisbol de Grandes Ligas. Lo escuché valorando a la familia como núcleo donde se fraguan los caracteres y donde se encuentra refugio en los peores momentos de la vida. Lo escuché enaltecer a sus progenitores, a su hermano y a su hermana y sentirse parte del clan Alomar. Destilan sinceridad sus palabras de agradecimiento a Canadá y su orgullo de ser boricua y latino. En última instancia los seres humanas alcanzamos la grandeza honrando las raíces que nos llegan por nacimiento, por eso no tuvo empacho de enarbolar la bandera tricolor patria y la bandera blanca y verde de su pueblo natal.
Creo que aun tiene mucho que aportar esta figura del deporte internacional.
Felicitaciones.