El reflejo del alma sobre las quietas aguas de sus ojos, bastó para que arrepentido dejara ir a la anciana. La mujer, confundida y nerviosa, le sonrió agradecida al enmascarado truhán. Él ya tenía el botín. Ella la vida.

A las 6 de la tarde el Superintendente de la Policía mentía en el noticiario. El hombre ancla dijo:

-¡Eso está bueno! ¡Canta gallo!

El televisor de la anciana lo apagaron dos días después, luego que el fiscal examinara la escena y ordenara el levantamiento del cadáver.

©Marinín Torregrosa Sánchez, 18 de septiembre de 2011.