Yo estaba dispuesto a vencer el miedo y tirarme desde lo más alto del palo de pana en el lago de Valé.

El amistoso capataz nos detuvo en el camino para enseñarnos lo que llevaba en un saco.

 – ¿Donde lo atrapó? – preguntó Caminero…

Ese día se troncharon mis sueños de clavadista olímpico.

©Roberto López