El mayor atractivo de esta memoria está en la manera directa en que Dante cuenta cómo pasó de sentirse sin futuro a construir una trayectoria académica y profesional.

Close-up portrait of a smiling man with dark hair, wearing a black jacket and a checkered shirt, standing outdoors.

Pensándolo bien, estos enredos comenzaron en 1956, o mejor dicho, comienzo a narrarlos en 1956.

Para entonces vivíamos en el primer piso, en el extremo derecho del último edificio pintado de verde del Caserío Modesto Cintrón. Por segunda vez, mi madre Tila y sus hijos vivíamos en el caserío, justo al lado del edificio amarillo donde habíamos vivido la primera vez.

Estaba cursando el segundo semestre de segundo año de escuela superior. En mayo de 1956 terminé el semestre a duras penas y, de ahí en adelante, me convertí en desertor escolar.

Eran años de elecciones. Mi entusiasmo por la política me acercó al círculo de campaña del Partido Popular. El alcalde Víctor Figueroa me aceptó como principal miembro de su Comité de Propaganda para las elecciones de ese año. Junto a Julio Navarro, Charlie Cruz, Tito Cuto, Paco Sánchez, Paco Lanaunsse y Zeno, dirigí la campaña del Partido. Conocí al liderato, los campos de Salinas y la movida de la política. Pasadas las elecciones, se acabó la fiesta y llegó el vacío. Se repartieron los puestos y me dejaron fuera.

Entonces choqué con la realidad y la entendí: era un desertor escolar, estaba desempleado y, además, era el mayor de una familia encabezada por una madre soltera que vivía en medio de carencias económicas. Me vi sin futuro.

Por mi cuenta, me matriculé en el verano de 1957 en la Escuela Superior López Landrau de Guayama y tomé el curso de Química, uno de los requisitos para graduarme.

En agosto de 1957 me reintegré a la Luis Muñoz Rivera, ya con cinco créditos aprobados y oficialmente cursando el cuarto año. Me eligieron presidente de la clase y asumí las responsabilidades que conllevaba el cargo. Tomé el examen del College Board y, aunque todavía me faltaban dos créditos para completar el cuarto año, me admitieron en la UPR y me concedieron una beca, tomando en consideración mi desempeño en el examen.

En mayo, con diez créditos, me gradué de cuarto año. Pronuncié el discurso de graduación, canté «Ansias Locas» con Nono, celebramos el Class Night en el Bocamar y…

En el verano de 1958 tomé los dos cursos que me faltaban: Inglés 12 y Geometría del Plano. Entonces volví a graduarme de cuarto año, esta vez en Guayama.

En agosto de ese año, ya con los doce créditos requeridos, comencé mis estudios en la UPR…

En los años siguientes me llevé a mis hermanos a la UPR, y a Río Piedras.

En mayo de 1962 me gradué de la UPR con un bachillerato en Ciencias en Química, y el 19 de junio de 1967 juré como abogado. El 24 de junio de 2017 fui homenajeado en el Colegio de Abogados con motivo de mis cincuenta años como abogado.

Cuando escribo estos enredos, estoy por cumplir 77 años, el 28 de septiembre. Y estoy pensando en «confesarme».

©©Dante A. Rodríguez Sosa, 2017.