El carro fúnebre se acercó a su hogar. Como se encontraba flácido, todo el mundo lo daba por muerto. Entonces, una luz resplandeció y él se acercó a la multitud. No podía hablar, sólo contemplaba a todos sus amigos, sus familiares y a su propio ser. Uno de sus amigos le dijo:
—¿Por qué te fuiste, si eras tan buena gente y siempre nos pagabas los tragos?
Otro dijo:
— Aquella mosquita muerta no te merecía.
—Entregaste toda una vida por tus hijos y tu mujer.
—Así es la vida, es una caja de sorpresas, musitó.
— ¿Tu ves?, dijo una voz que más parecía de un fantasma que una persona viva.
—Te hubieras casado conmigo.
Luego los dos entrelazaron sus manos y se metieron en el ataúd.
Pello cerró el féretro y comenzaron a servir galletas con chocolate.
©Edwin Ferrer
Aplausos, Edwin!!!!! La continuidad de la vida a través de tus imágenes y diálogos deja esperanza y le quita solemnidad a esto que los occidentales tememos tanto.
Un relato redondo que da qué pensar.
Cariños siempre.
Gloria
Una historia donde triunfa el amor, habla de esperanza, no de un final con la muerte o de un comenzar ern un lugar extraño, sino de continuar una nueva vida, al otro lado.¡Me gusto! Como dice Josue la utilización del dialogo para narrar la historia de una manera y sencilla hizo fluir al final feliz. ¡Lindo!
La muerte como medio para culminar el amor impedido por las circunstancia o por el poder de la oposición es constante tema literario. En este microcuento Edwin sorpresivamente culmina el amor de una pareja, a pesar de la necedad de no haberse negado la oportunidad antes.
Ahora en la Literatura salinense contamos con un TIEMPO FATUO y un FUEGO FATUO.
Me gusta porque los personajes narran la historia que, en el punto de resolución, se ata el último cabo que quedaba por entrelazar y triunfa el amor sobre la muerte. Muy bueno, Edwin, especialmente porque usas la buena técnica de delegar en los protagonistas el grueso de lo contado. APLAUSOS. JSC