Cerré los ojos y despertaron aquellos que habían partido. Salen de todos lados de la casita verde. Se mueven en las cortinas, se pasean por la sala. El olor a sofrito inunda los rinconcitos de la estancia, provienen de la cocina, donde el ruido de las cacerolas y trastes se confunden con la algarabía o chachareo de las voces que deambulan en la noche. La radio se enciende sola. En la emisora del pueblo se escucha la música del ayer y los obituarios nuevos.

Las puertas se cierran de un golpe.

—Es la brisa que también juega. — Pienso entre sueños sin temor a las leyendas.

Rechina por el pasillo la suela del zapato en pisadas confiadas y seguras.

Al despertar cada mañana, abro las puertas cerradas, acomodo las sillas en su lugar…silenciosamente en puntitas, no sea que los despierte al caminar.

©Marinín Torregrosa Sánchez, 29 de octubrede 2011.