En la hora
de la Patria
Tu voz
nace.
Las manos
se juntan.
Vuelve tu rostro
al sendero.
Un alba sigue a
cada noche.
Un alba fraguada en
cada minuto
de la noche.
© Sergio A. Rodríguez Sosa
30 de julio 2006
En la hora
de la Patria
Tu voz
nace.
Las manos
se juntan.
Vuelve tu rostro
al sendero.
Un alba sigue a
cada noche.
Un alba fraguada en
cada minuto
de la noche.
© Sergio A. Rodríguez Sosa
30 de julio 2006
Muy Bueno! La esperanza tiene forma de niño, se gesta en el útero de lo seres diáfanos y reclama justicia por todas las calles del planeta.La plegaria nunca será desoída, volverá hecha realidad.
Aplausos para tu poema!
Cariños
Gloria
Sin duda un poema esperanzador y profético. Me recordaste un memorable discurso de José de Diego en unos Juegos Florales celebrados, creo que en 1888, en Santo Domingo. “El libertador de mi patria no ha nacido -dijo De Diego aquella noche-, pero nacerá. Lo se con la certeza de que brillan los astros en el firmamento”.
Los hombres y las mujeres nobles y honorables. Aquellos para quienes la libertad es algo más vital que moverse de un extremo a otro. Para los que entendemos que el destino irreversible de los pueblos es el pleno uso y disfrute de su soberanía. Para esa raza inextinguible de seres humanos leer un poema como el tuyo, amigo Sergio, presupone una esperanza de que allá, donde la noche pinta un marco de negrura hay una luz que habrá de disipar las tinieblas.
Gracias Sergio por haberlo escrito.
Josué